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José Guadalupe Blanco Ortega

Biographical Synopsis of Interviewee: José Blanco was born on December 12, 1923, in Canelas, Durango, México; he was formally schooled through the second grade; when he was eight years old, he left his family to work with his father; they farmed together well into his teenage years; later he married and began a family; in 1949, he decided to enroll in the bracero program; as a bracero, he worked picking cotton in New Mexico and Texas.


Summary of Interview: Mr. Blanco recalls his family, childhood, and adolescence; in 1948, he married his wife, and the following year, before the birth of their second child, he decided to enroll in the bracero program; he describes how he and a group of men walked through the mountains for three days to get to a town where they could take the train to Durango, Durango, México; from there they traveled to Chihuahua to officially begin the hiring process; he describes the entire hiring and contracting process including the medical exams and disinfecting procedures; as a bracero, he worked picking cotton in New Mexico and Texas; he explains how he picked the cotton, the wages he earned, the methods of payment, and how he was able to obtain amendments and extensions to his contracts; in addition, he tells what daily life was like on the farms including the housing and food; in general, he was treated well by his American employers; he also recalls his return trip to México; overall, he benefited greatly from the program, and he concludes that he is proud to have been a part of it.

Jesús Sierra Espinoza

Description:

Síntesis Biográfica del Entrevistado: Jesús Sierra nació el 21 de junio de 1935; creció en el seno de una familia de mineros en Durango, Durango, México; es el mayor de cinco hermanos. A temprana edad trabajó cortando piedra para ayudar a su padre; en 1956 se unió al Programa Bracero y trabajó en Arizona, California, Colorado, Nuevo México y Texas; recolectó algodón, fresas y tomates; también cosechó lechuga y betabel.

Resumen de la Entrevista: El Sr. Sierra creció en Durango, Durango, México; su padre le enseñó a trabajar la piedra; en 1956 se unió al Programa Bracero debido a dificultades económicas; desde entonces trabajó en Arizona, California, Colorado, Nuevo México y Texas. Describe el proceso de reclutamiento por el que debió pasar, los requisitos legales del programa, cómo funcionaban los centros de contratación en Chihuahua, Chihuahua, México y Empalme, Sonora, México, así como los diferentes lugares de ingreso a los Estados Unidos. Hace un recuento de su experiencia en Río Vista, un centro de procesamiento en Socorro, Texas; recuerda asimismo las primeras actividades agrícolas, cómo se distribuía el trabajo, los salarios y los contratos; también da detalles sobre las viviendas, el trato que recibían de los patrones, las relaciones entre los braceros y lo que hacían durante el fin de semana.

Jesús Rosales Ríos

Description:

Síntesis Biográfica del Entrevistado: Jesús Rosales nació el 8 de junio de 1922; creció en Durango, Durango, México; en 1956 comenzó a trabajar como bracero; se dedicó a la cosecha de uvas y a la irrigación de cultivos en California y Texas.

Resumen de la Entrevista: El Sr. Rosales recuerda la Guerra de los Cristeros cuando él tenía cuatro años; se convirtió en bracero en 1956 y cuenta de aquella época su trabajo recolectando uvas en California y algodón en Texas; también refiere cómo aprendió a irrigar los cultivos; esta tarea se convirtió en su trabajo principal. Cuenta que una vez lo internaron en el hospital y su empleador pagó por la cirugía; expresa asimismo el buen trato que recibió de sus empleadores y lo orgulloso que se siente de haber sido bracero.

Jesús Andrade Rodríguez

Nombre del entrevistado: Jesús Andrade Rodríguez
Fecha de la entrevista: 1º de febrero de 2003
Nombre del entrevistador: Laureano Martínez

Esta es una entrevista con el señor Jesús Andrade Rodríguez en la ciudad de Durango, Durango el día primero de febrero de 2003. Dirigiendo la entrevista para el Proyecto Bracero del Instituto de Historia Oral de la Universidad de Texas en El Paso, Laureano Martínez.


LM: Don Jesús, buenas tardes.

JA: Buenas tardes.

LM: Primero que nada don Jesús, quiero que me cuente, dónde y cuándo nació usted.

JA: Nací en Escamilla, Municipio de Canatlán, Durango. En el estado de Durango.

LM: ¿Cuándo fue eso?

JA: En 1930 nací yo, el 15 de septiembre de 1930.

LM: Muy bien.

JA: Así es.

LM: Cuénteme un poquito de ese lugar, ¿cómo es Escamilla?

JA: Es una hacienda que tiene ya ahorita va en los doscientos años. Una hacienda de agricultura de los hacendados de antes, nomás que cuando vino la, la lía esa del agrarismo, mi padre y mis tíos hicieron solicitud para ejido. Y se hizo ejido pero muy raquíticamente según me platicaban mis tíos, mi papá pos no lo conocí. Sembraban con bueyes que les prestaban otras personas que tenían ganado. Entonces muy pobre, entonces nosotros le hicimos también a la agricultura económicamente. Pero no alcanzábamos para mantener nostra familia y empezó a haber ese programa de que contrataciones, empezó aquí en Durango y, y ya veníamos a contratarnos.

LM: Cuénteme, ¿cómo se llamaba su papá?

JA: Juan de Dios Andrade.

LM: Y, ¿su mamá?

JA: García, Catalina Rodríguez Valdez.

LM: ¿Cuántos años tiene usted, don Jesús?

JA: Yo tengo setenta y un año[s] cumplidos.

LM: Setenta y un años. ¿Cuántos hermanos tuvo?

JA: Tengo ahorita bueno, bueno todos, aunque hayan muertos, por nomás los que haya, aunque se hayan muerto.

LM: No, no importa.

JA: Sí, sí, pos tuve, era, Maclovio, David, Leonardo, ya murió pero, ¿usted me pregunta de todos los hermanos, verdad?

LM: Sí.

JA: ¿Con todo y hermanas?, o, puros hermanos.

LM: Hermanas y hermanos.

JA: Fuimos, siete.

M Siete, y, ¿usted qué número era dentro de esos siete?

JA: Yo era de entre medio de tanto hermanas como hermanos.

LM: Era el de en medio.

JA: El de en medio, sí.

LM: Muy bien, ¿alguno de sus hermanos también fue bracero?

JA: Sí, tres.

LM: Tres de ellos.

JA: No, cuatro.

LM: ¿Cuatro?

JA: Cuatro fueron también.

LM: Mire, ¿tuvo oportunidad usted de ir a la escuela?

JA: ¿Dónde? ¿Allá o a aquí?

LM: Aquí.

JA: Sí, no, aquí, aquí yo pase al sexto, en la primaria, casi con como quien dice la estudié.

LM: Acabó la primaria, muy bien, ¿aprendió a leer bien?

JA: Sí, claro que sí.

LM: Y, ¿en dónde estaba la escuela?, ¿allí mismo?

JA: Allí mismo, ahí en, o sea que mi lugar de origen es, se llama Gomelia, Ejido Gomelia, ese es el mero punto. Y la hacienda Escamilla esta cerquita, pero como se hizo ejido se le puso Gomelia al ejido, al pueblo.

LM: Muy bien, vamos a platicar un poquito de lo que fueron las contrataciones, ¿cómo se enteró usted que había contrataciones?

JA: Pos vino alguien y me dijo, vino alguien a Durango y dijeron: “Pues están contratando”. “Bueno, y, ¿para qué?”. “Pos pa ir a trabajar a la agricultura a Estados Unidos”. Y sí, como nosotros pos éramos de rancho.

LM: Claro.

JA: Vinimos y sí y nos contrataron, nos contratamos aquí, todo el tempo que hubo contrataciones aquí nos contratamos aquí, después en Monterrey y Monterrey.

LM: Okay, vámonos a empezar un poquito por partes, ¿a que se dedicaba su papá y su mamá?

JA: A la agricultura.

LM: A la agricultura, ¿qué sembraban?

JA: Pos maíz y fríjol, poquillo ahí avena. Maíz y fríjol y avena, ¿verdad? También, todavía es lo mismo, toda hacemos lo mismo.

M ¿Todavía?

JA: Todavía.

LM: Okay, ¿cómo era la vida en aquellos años?

JA: Muy económica, muy raquítica, una vida muy raquítica.

LM: Muy dura.

JA: Sí, muy dura.

LM: Mire, ¿cuál fue su primer trabajo?, ¿se acuerda?

JA: ¿Onde? ¿Allá al otro lado?

LM: Aquí.

JA: ¿Aquí en México?

LM: Ajá.

JA: No, pos eso, primeramente sembrar, yo estaba chico, tenía que sembrar porque, porque para que no echara la vuelta mi papá, mi papá no, digo, mi hermano mayor, mi hermano mayor se llama Leonardo, si quiere apuntarlo. Casi él, casi como quien dice lo vemos como, lo veíamos ya se acabó, tiene él unos seis meses que murió. Ya de ochenta y tantos años y él era el que nos aliviano para mantenernos, yo le sembraba a él.

LM: ¿A los cuantos años empezó usted a sembrar usted?

JA: A los siete años, sí, a los siete años.

LM: Y que le pagaran aquí en Durango, en México, ¿cuál fue su primer trabajo así de paga?

JA: ¿De paga? Yo aquí nunca trabajé en Durango, aquí en la ciudad no. Allá en el rancho sí, rozando cuando ya tenía unos doce años, trabajé rozando y me pagaron, creo que me parece a la semana, creo que $10 o $12 pesos a la semana, el primer vez que trabajé que ya pude, de unos diez años.

LM: ¿A los doce años?

JA: Sí.

LM: Bueno y volviendo, ahora sí ya volvemos a lo de las contrataciones.

JA: Ándele.

LM: Me decía que, ¿cómo se entero que había contrataciones?

JA: Sí, vino alguna persona y nos dijo.

LM: ¿Usted estaba en el racho?

JA: Sí, en el rancho estaba.

LM: ¿Cuántos años tenía usted?

JA: Pos yo tenía, muy escasos cumplidos los dieciocho porque, en ese tiempo nos pedían mucho la cartilla y, y este, y no sé cómo le hice, el caso es de que nos pedían la cartilla y yo to[davía] no tenía la cartilla, y no sé cómo le hice, el caso es de que me contrate, pero ya en el segundo año, en el siguiente año ya localicé mi cartilla del Ejercito. O sea que iban allá, nos mandaban de aquí de Canatlán un instructor. Para que diera instrucción al Ejército a los…

LM: Tenían que hacer su servicio militar.

JA: Sí, nuestro servicio militar.

LM: ¿Como cuántos se vinieron con usted cuando se vino aquí a Durango a contratar?

JA: Como unos siete nos venimos.

LM: ¿De allí del mismo rancho?

JA: Sí, de ahí, entre cuñados y hermanos.

LM: Y, ¿en qué se venían?

JA: Nos veníamos en unos… Bueno a veces cuando era rápido que teníamos que estar aquí pronto, nos veníamos a caballo a Canatlán o a Nuevo Ideal y de ahí agarrábamos camión.

LM: ¿Cuánto hacían a Canatlán?

JA: Un día.

LM: Un día.

JA: Y a Nuevo Ideal.

LM: ¿A Caballo?

JA: A caballo.

LM: Y luego, de Canatlán para acá.

JA: Pos agarrábamos el camión hacía como unas siete horas, ocho desde Nuevo Ideal, por terracería, no crea que había pavimento todavía. Por terracería.

LM: Y, ¿qué comían en ese trayecto?

JA: No, no, pos a veces traíbamos [traíamos] desde allá, preparábamos lonche allá, desde allá.

LM: ¿Traían dinero?, ¿les pedían dinero?

JA: Pos no, no, dinero no, dinero muy poco, si traíamos $10 pesos yo creo era mucho, $10, 15 lo más, traíamos muy poco dinero nomás que valía más el dinero que hoy.

LM: ¿Qué alcanzaban a comprar?

JA: Así haga de cuanta que traíamos $10, $15 pesos antes, son horita $1000, unos $1500, pueden rendir igual, ¿verdad? $10, $15 pesos de antes a $1500 horita, digo yo, yo me estoy fijando que caro está la vida.

LM: Claro.

JA: Con la devaluación, ¿no?

LM: Y llegaron aquí a Durango y, ¿ya sabían a dónde ir?

JA: Sí, sí, ya sabíamos donde se fueron, las contrataciones era ahí donde es la feria, allí eran las contrataciones.

LM: Y, ¿quiénes atendían allí?, ¿mexicanos o…?

JA: Pos sí atendían aquí mexicanos, mucha gente, misma gente de aquí de Durango. Onde sí ya se entremetían los americanos era, pues aquí un poquillo en Monterrey, pero ya en el pase, ya cuando nos pasaban allá, allá eran puros americanos.

LM: O sea que de aquí a Durango ¿a dónde se iba?

JA: Nos íbamos de aquí a Durango directamente este, a ver, nos iban, nos veníamos directamente hasta Piedras Negras y nos pasaban a Eagle Pass.

LM: ¿Les daban algún documento o algo?

JA: Sí, sí, le daban a uno un papel, entonces ya ese papel lo presentaba usted en Eagle Pass y allí ya, pues ya firmaba un contrato, nomás que antes de eso teníamos que pasar la inspección esa que usted me dice.

LM: Haber cuénteme, de aquí de Durango, ¿a dónde se fue?

JA: Pos a Monterrey.

LM: A Monterrey, ¿ahí estaba el centro de contratación?

JA: De contratación, allí ya llevábamos contrato.

LM: ¿En qué año fue eso?, ¿se acuerda?

JA: Sí, pos jue como en, en 1956, [19]55.

LM: Y cuándo llegó a Monterrey se fueron los mismos siete compañeros que iban.

JA: Sí, nomás que no nos tocó suerte de irnos juntos porque algunos se contrataron primero y otros después.

LM: ¿En qué se fueron de aquí a Monterrey?

JA: Pos en camión, no, o sea que mire cuando aquí, cuando aquí hacían unas listas desde aquí. Y me parece que ya, no [es]toy seguro si, si nos echaban ya en tren me parece, pero ya íbamos como, casi ya seguros a que nos contratábamos, ¿verdad?

LM: En Monterrey…

JA: Desde aquí de Durango ya, llevaban una lista.

LM: Y, ¿cuántos días estuvo en Monterrey para conseguir el contrato?

JA: Nos estuvimos como ocho días.

LM: Y, ¿dónde dormía?

JA: Pos ahí por ahí, económicamente pos no traíamos para hotel, dormíamos por ahí con personas que tenían jacalillos, que vendían comidilla y les pedíamos permiso. No, sí, daban chanza.

LM: ¿Llevaban dinerito para…?

JA: Sí, sí, pos tendíamos estos, cartones o algo para dormir, sufriendo mucho. Desde que veníamos a contratarnos y que íbamos a Monterrey era sufrir, no crea usted que era, era comodidad o paseo, no, íbamos sufriendo, para poder ir allá.

LM: ¿Qué llevaban de ropa?

JA: Pos cuando mucho un cambio más llevábamos en una bolsita algo, los que levábamos puestos y otro cambiecito cuando mucho.

LM: Allí en Monterrey en ese centro de contratación, ¿qué les pedían o qué?

JA: No pos en la lista de aquí de Durango. Y, batallar pa que la lista la aceptaran ahí en Monterrey.

LM: ¿Había exámenes médicos ahí?

JA: No, ahí no había exámenes, pos sí había, a veces había, pero onde, onde estaba más duro el examen era allá con los americanos.

LM: ¿De ahí de Monterrey a dónde se fue?

JA: A Piedras Negras.

LM: A Piedras Negras.

JA: Eagle Pass.

LM: Eagle Pass.

JA: A Eagle Pass, Eagle Pass, ¿así se llama?, sí Eagle Pass, sí, allí es onde sí ya sabíamos con qué patrón íbamos porque ya íbamos a que estado íbamos. De ahí me fui yo varias veces a Michigan y varias veces directamente hasta Montana.

LM: ¿Llegaron a Piedras Negras y de ahí cruzaron la frontera?

JA: Sí, de ahí a Eagle Pass, está cerquita de la frontera.

LM: ¿Ahí había algún centro de…?

JA: Ahí había un centro de, un centro de examen onde, ahí es donde nos examinaban.

LM: ¿Cuántas…?

JA: Hasta sangre nos sacaban.

LM: ¿Cuántas gentes habría en ese centro?

JA: Había muchas de todos los estados de México, Chihuahua, de muchos estados había gente de… ¿Sabe de dónde había más gente? De Michoacán viera como había gente, mucha gente de Michoacán.

LM: De ahí de Monterrey, dice que se fueron en tren o en autobús a la…

JA: Sí, no, nos echaron en el tren.

LM: En el tren.

JA: Donde agarrábamos traila [tráiler], a que nos echaran en traila era de Eagle Pass para allá.

LM: Y, ¿ese tren cómo era?, ¿era tren de pasajeros?

JA: No, no, era tren carguero, no era de pasajeros.

LM: Y, ¿los echaban en las cajas?

JA: Sí, en las… Carros, así sin asientos, si nomás en bolsa, si no llevaba asientos.

LM: Y, ¿que comían?, ¿les daban qué comer?

JA: No, no, pos nos daban un, si acaso un dulcecillo al salir y pos llevaba uno, se paraba uno en la estación a donde el tren se paraba pos a comprar ahí con las gorderías allí lo que podía uno.

LM: ¿Ustedes hacían el gasto?

JA: Sí, sí, pos nosotros y ya en donde sí no hacíamos gasto es de Eagle Pass para allá. Ya se comprometía el patrón o, o la compañía americana que solicitábamos. Yo no sé, de ahí para allá sí nos daban lonche, ¿no le digo que a algunos pos no nos caían los lonches que nos daban?

LM: Cuénteme cuántos días estuvo allí en Eagle Pass.

JA: No, ahí estuvimos poquito, cuando mucho estaba uno un día, un día y medio y luego salía uno. Ahí no estaba uno mucho.

LM: ¿Cómo era ese examen médico?

JA: Pos este, tenía que pasar uno por [d]on[de] [es]taba un examen médico como estas mesas y tenían que según ellos como son muy delicados ellos, para que no pasara una infección. Por ejemplo, la piorrea, por ejemplo la… Bueno estoy hablando con usted que es hombre igual que yo, ¿verdad? Que no llevara uno como unos animales que les nombran aquí chatos, ¿verdad? ¿Sí ha oído usted decir de eso, verdad? Que no llevara uno todo eso…

LM: Enfermedades venéreas y todo eso…

JA: Sí, todo eso examinaban, por eso yo creo los gabachos son, son asuntos de ellos, ¿verdad? Pero nos sacaban sangre también, también la sangre. Eso era lo que no me caía a mí porque, se iba uno debilón y luego le sacaban. Y luego después la negociaban. Sacaban mucho, le decíamos: “Bueno, bueno, y, ¿pa que sacan tanta?”.

LM: ¿Cuánto sacaban?

JA: Pos sacaban unos frasquitos así, sí siempre sacaban, como un cuartito o póngale que menos, pero no crea que hace sentir a uno muy bien. No se sentía uno muy bien.

LM: ¿Había inconformidad allí de los compañeros?

JA: Pos sí, y, ¿qué ganábamos? Porque todo al que le sacaban sangre y que pasaba la tesis, que la sangre que le examinaban, que estaba bien se iba. Muy pocos lo tenían, eran de unos cien uno.

LM: ¿Eran médicos americanos?

JA: Yo creo sí, pero yo no sé si contribuirían a mexicanos también, pero sí eran americanos los que estaban ahí.

LM: ¿Y los trataban bien o eran…?

JA: No, sí, sí nos trataban bien.

LM: Qué bueno.

JA: Nomás eso, ¿verdad? Que nos sacaban sangre era lo que no me gustaba.

LM: Inyecciones, ¿también?

JA: No, no pos al que… Inyecciones no nos pusieron, pa que voy a decir.

LM: ¿Alguna especie de insecticida o desinfectante?

JA: Ah, sí, sí, sí echaban.

LM: Y, ¿qué les echaban?

JA: Sí echaban. Pos no, yo no sé, olía feo como ese de, de avión que conocemos aquí, sí olía feo sería, pensarían que… Bueno a la mejor tenían razón porque en aquel tiempo que estábamos muy (ininteligible) a lo mejor uno que otro, sí llevaban su cabeza llena de piojillo, ¿verdad? Digo yo.

LM: Claro.

JA: A lo mejor sí está bien, digo. Yo no, yo no le digo que no estaba bien, tuvo bien eso, ¿verdad? Desinfectaban, pos a lo mejor hasta a unos les haría bien y luego duraba uno hasta ocho días en Monterrey y usted cree si no tenía uno pos se acostaba uno cercas, se le podían pegar a otros.

LM: Claro.

JA: Tuvo bien eso, ¿no? No, eso está bien, yo no le tomo mal eso. Lo que sí le tomo mal es que, que, que tenía que… Había mucho médicos. Con unos tenía que empinarse uno y verle atrás. Bueno, buscarían, ¿cómo se llama esa enfermedad?

LM: ¿Almorranas?

JA: Almorranas, eso han de haber buscando, eso anduvieron buscando.

(entrevista interrumpida)

LM: Continuamos con la entrevista. Sí, me decía de lo que usted veía mal.

JA: Sí, o sea que esa, ese examen médico, este sería por ley de ellos o no sé, pero, pero sí, a lo mejor algunos sí podían haber salido uno que otro con almorranas, no sé yo, no le voy a decir. Pero sí, lo que sí supe yo: “Pos que a julano no, no, no pasó”. Pero según esto le encontraban en la sangre como tuberculosa, así alguna cosa. Y sí regresaban de cien, pue[de]que regresaban uno o dos, sí regresaban personas, regresaban.

LM: Pero, ¿ustedes sí se sentían…?

JA: No, no, nosotros estábamos sanos, bueno o sea que pos hacíamos todo el examen que es lo que yo digo que este, por qué el gobierno de aquí no pondría unos médicos mexicanos para que estuvieran vigilando que no nos, que no nos…Bueno, pos estaban violando las leyes estas... ¿Las de cómo se dice? Las leyes, esas de humani… ¿Este cómo se llaman? ¡Derechos humanos! O, ¿no se le hace a usted que estaban fuera de los derechos humanos? Digo yo, ¿verdad? Eso estoy diciendo.

LM: Claro y después de allí de ese proceso, ¿les tomaban radiografías también?

JA: También.

LM: ¿De qué partes del cuerpo?

JA: Sí pos del corazón, de que salga alta, todo eso sí.

LM: ¿Qué les preguntaban?

JA: No, no, pos en inglés, que, que (ininteligible) un americano.

LM: Las manos, ¿no las revisaban?

JA: No, sí, sí, las manos sí, pero pos fíjese, buscarían secretarios o algo pero pos puro trabajador, ¿verdad?

LM: Claro.

JA: Gruesa de trabajo. No, sí, había uno ahí que: “A ver la mano”. Le hacían así. Está bien”.

LM: Muy bien y de ahí ya, ¿a dónde lo mandaron?

JA: No, ya cuando ya pasábamos eso, de allá al contrato, entonces ya de allí salía el camión a donde iba uno, al estado que le tocaba. Michigan, Montana, pero, bueno eso eran de las primeras contrataciones ya después el que cumplía allá, nos daban una miquita, fíjate. El que cumplía, entonces después el americano… Por ejemplo yo tenía un patrón y si le gustó mi trabajo en el otro año me procuraban.

LM: Claro.

JA: Decían: “Los de las micas”. Y nombraban allí, no pos esos pesados, o sea, los mismos patrones nos buscaban y nos contratábamos de volada.

LM: ¿Cuántos años tenía usted cuando su primer contratación?

JA: No, pos dieciocho, sí le digo que tenía yo dieciocho años.

LM: Y, ¿en que trabajó la primera vez?

JA: La primera vez trabajé este, en aquí en, en, en Texas en Lobica [Lubbock], Texas en algodón, piscando algodón.

LM: ¿Por cuánto tiempo le dieron su contrato?

JA: Por cuarenta días, por cuarenta días.

LM: ¿Era el tiempo que daban?

JA: Sí, daban, así les daban, ya si renovaba uno cuando regresaba usted de Eagle Pass, si quería otra vez trabajar ahí, sabía si había trabajo y si quería renovar de nuevo, como yo varias, varia veces que renové. Llegué a renovar yo hasta Nuevo México también.

LM: ¿Cuánto le pagaban en…?

JA: No me acuerdo, no me acuerdo, era por libras.

LM: Por libras.

JA: Por libras, sí.

LM: Y, ¿sabía usted ya cómo piscar el algodón o allí aprendió?

JA: Sí, sí yo piscaba hasta setecientas o ochocientas libras. Y un hermano mío piscaba mil, el mayor.

LM: Mire, este…

JA: Sí, sí era bueno para piscar yo.

LM: Qué bueno. ¿Como cuántas gentes había trabajando ahí?

JA: Pos había varias, o sea que este, como ahí en, en donde le estoy platicando en Lobica, sí había varias porque daban una pisca y quedaba mucho algodón chico y uno no abría y le nombraban el pule, tenía uno que meter ya todo. Le daban a uno guantes y sobarle a la mata desde arriba hasta abajo, echarla al costal, es decir pira… Que piscaba, el que piscaba mil de algodón piscado, dos mil en eso, yo piscaba mil ochocientas, mil seiscientas.

LM: Mire, ¿alguien le dijo a usted cuanto le iban a pagar, o no?

JA: ¿Cuándo?

LM: ¿Sabían cuándo llegaban?

JA: No, no sabíamos hasta que llegábamos qué a tanto la libra. Sí, había el pesador, pesadora ahí en, en la cabecera donde vaciaba uno en la traila [trailer]. Había pesadora ahí, anotaban lo que pesaba y uno también anotaba, ¿verdad? Anotaba el pesador y uno también para ver cómo salía el día que pagaban.

LM: ¿Los patrones hablaban inglés o hablaban español?

JA: Sí, tenían un intérprete ellos. En la pesa era un tejano, que era mexicano, y hablaba español y ingles, era el que… Porque pa decirnos algunos que piscaban mal, pa decirles digo, pos decía el patrón que no están piscando.

LM: Y, ¿cómo se portaban ahí los compañeros?, ¿se llevaban bien entre ustedes?

JA: Como quiénes, ¿oiga?

LM: Los demás, desde el patrón, el mayordomo…

JA: No, no, pos el patrón como no hablaba inglés, él se dirigía con el intérprete. Él no, no hablaba, entonces le decía lo que teníamos que hacer, él era el que nos decía: “Oigan pos dice que están piscando mal”. Que esto que lo otro, ¿verdad?

LM: Y, ¿el intérprete cómo los trataba a ustedes?

JA: No, no, bien, bien, el mismo interprete era el pesador, era el pesador. Yo creo él tenía un sueldo, creo yo.

LM: Platíqueme para que los que no sabemos, ¿cómo era la pisca del algodón?, ¿qué hacían?

JA: Ah, no, no, pos sacarla del, del capullo y tiene cuatro, tiene cuatro o cinco espinas. El capullo de abre. Y luego el algodón queda un poquito salido, hay que piscarlo con muy buen tanteo, hay que tener muy buena táctica. Para, para hacer liviano, para piscar mucho necesita usted [a]livianarse.

LM: Y, ¿dónde lo echaban?

JA: En un saco largo, como de unos dos metros, tres metros.

LM: Y, ¿ese lo iban cargando?

JA: No, no, arrastrándolo de la cintura y aquí tenía, aquí tenía unas agarraderas como un delantal. Y se lo amarra uno y la boca la tenía aquí, pero por en medio de las piernas, tenía aquí. Y tenía que estirarle, irle piscando, estirarle, cuándo ya ve uno que estaba muy pesado pues ya decidía voy a echarle ahí. Lo amarraba uno y se lo echaba uno en el lomo.

LM: ¿Estaban largos los surcos?

JA: Sí, sí estaban largos.

LM: ¿Qué tan largos?

JA: Pos había unos hasta de trescientos metros de cuatrocientos metros.

LM: ¿A qué horas empezaban a trabajar?

JA: Pos a las ocho nos llevaban los mismos patrones, nos llevaban hasta eso. A la labor a piscar y nos traían.

LM: Y, ¿a qué horas acababan?

JA: Teníamos que llevar el lonche, no, pos eran ocho horas.

LM: Ocho.

JA: Hasta eso trabajábamos nomás las ocho horas, lo que hiciera cada quien en las ocho horas.

LM: ¿Dónde vivían, don?

JA: En, en el, cerca de, en otro rancho y, y a veces había también siembra pero acabábamos esa siembra y ya nos llevaban más lejos onde tenían más agricultura ellos.

LM: Cuénteme, cómo era el lugar donde dormían, donde ustedes vivían.

JA: No, pos eran unas camas como era ese, hasta tres camas así, personales, ¿verdad? Sí.

LM: ¿Empalmadas?

JA: Sí, empalmadas.

LM: ¿Literas?

JA: Como ese librero, el librero. Tava [todavía] debe de haber, ¿verdad?, por ahí, ¿verdad?, así dormíamos.

LM: ¿Tenían colchón?

JA: Sí, sí tenían.

LM: ¿Entonces sí dormían a gusto?

JA: Sí, no, sí, sí dormían a gusto.

LM: Baños, ¿tenían baños?

JA: Sí, sí había una… Allí había una parte que había baños, para bañarse uno y, y no, de servicio no me acuerdo pero para bañarse uno sí se bañaban.

LM: Y para bañarse y rasurase y todo eso, ¿cómo le hacían?

JA: No, pos compraba uno espejito o… Y se bañaba uno ahí en, en, sí posen el baño y porque es que, según la gente que había allí, como nosotros nos iban… Como por ejemplo, un patrón pedía unos diez o quince, ya ese tenía que tener pa meter las quince personas y ya tenía que llevarlas a una casa donde tuviera todo el servicio, ¿verdad?, baño y todo.

LM: ¿En qué época más o menos es en la que se pisca el algodón?

JA: En septiembre.

LM: En septiembre, entonces les tocaba a veces la época de frío.

JA: No, no, no, casi tiempo de frio ya terminábamos el contrato, o sea que los contratos los firmábamos en mayo y trabajaba uno mayo y junio y julio, o sea que, pero, pero como en Michigan o en Montana se trataba de, del betabel. Como, como antes que tuvieran en, convenio los mexicanos de exportar azúcar. El betabel hacía azúcar, los americanos lo hacían azúcar con el betabel.

LM: Con el betabel…

JA: Por eso ocupaban braceros, para cultivar el betabel, ese se da como camote, matotas así.

LM: Después de ese primer contrato del algodón, ¿qué hizo usted?, ¿qué hacían cuando se acababa el contrato?

JA: No, este, nos, a veces el patrón alguno que quedaba, que estaba retrasado nos pedía prestados a otro. Y si ta tenía tiempo, sí nos prestaba, íbamos, íbamos pa… Ellos tenían su convenio ahí, íbamos y cuando ya terminaba nos mandaban a Eagle Pass, aquí a las Piedras Negras y allí era donde renovaba uno contrato que lleva uno en septiembre al algodón a Nuevo México, a Texas.

LM: Cuándo se acabo su contrato, ¿usted a dónde lo mandaron, o a dónde se fue? El primero…

JA: Pos me jui allá a Texas.

LM: A Texas.

JA: Y el segundo a Nuevo México.

LM: Y cuando lo mandaron a Texas, ¿en qué lo mandaron o cómo se fue?

JA: No, pos nos mandaron de ahí de Eagle Pass en camión, como le digo.

LM: Y a Eagle Pass, ¿cómo se fue?

JA: ¿Mande?

LM: De la granja a Eagle Pass, ¿cómo?

JA: ¿De onde?

LM: Del rancho, del…

JA: Del rancho, de, no, ellos nos mandaron. Ellos nos mandaron aquí a Eagle Pass, también en camiones. De los mismos trailers, sí.

LM: ¿Y ahí?

JA: Y ahí nos entregaban, era como, era una concentración yo creo hay del gobierno, tenían… Y ahí decían el que quiera contratarse, sí hay, a tal parte.

LM: ¿Ahí les daban un nuevo contrato?

JA: Nuevo contrato.

LM: ¿No tenían que salir a México?

JA: No, no, ahí mismo, ahí mismo firmaba otro nuevo contrato, por otros cuarenta días, nunca nos dieron un contrato pasado de cuarenta días, puros de cuarenta días. Nunca nos dieron un contrato…

LM: Y, ¿de ahí a dónde se fueron?, ¿Nuevo México?

JA: Nuevo México.

LM: Y, ¿en qué trabajo ahí en Nuevo México?

JA: En algodón, piscando algodón.

LM: En el algodón, ¿en ese mismo año?

JA: Ese mismo.

LM: ¿Cuántos trabajadores había en ese rancho en Nuevo México?

JA: Pos sí había, o sea que cada, cada, cada ranchero se llevaba los que necesitaba. Nosotros nos juimos veinte de ahí de Eagle Pass que le pidió él, pero como se necesitaban más iban dejando que según lo lejos ya decían: “Pos estamos frente a Nuevo México, pos bájense”. Y tenían que irse. En un año me tocó hasta Kansas City.

LM: De ahí en en ese centro de recepción donde los concentraban, ¿se acuerda cómo era? Platíqueme como era.

JA: ¿Ahí en Eagle Pass?

LM: ¿Cómo era?

JA: Sí, pos era un, era un corral grande y tenían todos los servicios, onde bañarse uno, hasta eso.

LM: ¿Había camas?

JA: Sí, había camas, sí.

LM: ¿Algunos duraban tiempo ahí?

JA: Sí, pos no, no crea que mucho porque ahí en, en unos quince días el, el, los patrones que, que llevaban a reenganchar gente ahí sabían si encontraban, pa lo único que no, única parte que casi no querían ir es pal Valle Imperial.

LM: ¿Por qué?

JA: Porque está muy caluroso allá. Ya hasta se [desadataban] deshidrataban allá, no querían ir para allá, el Valle Imperial es pa el lado de Arizona, pa allá.

LM: ¿Había secretarias ahí en ese centro?

JA: Sí, sí pos pa hacer los contratos y todo eso.

LM: ¿Como cuántas gentes trabajarían allí?

JA: Como unas cincuenta o más. Bueno cuando era el negocio en mayo. Ya en septiembre que ya veníamos de vuelta, ya eran menos, había menos empleados. Porque ya era menos la gente que llegaba, porque había mucha gente que no, no, no quería llegar allá a Eagle Pass, pedían su pase directamente a El Paso o a Piedras Negras pa irse a México. El que no pensaba renovar ni llegaba allá a Eagle Pass.

LM: Cuénteme de ahí de la pisca del algodón, ¿a dónde más se fue?

JA: Pos de la pisca del algodón nos juimos a, no la pisca del algodón era el último. Yo donde tuve siempre los contratos los firmaba en Eagle Pass en mayo y trabajaba mayo, junio, y julio y agosto, cuatro meses. Entonces cuando venía que me contrataba pa el algodón ya era en septiembre. Y en septiembre era cuando mucho dos meses, septiembre y octubre, que venía el frío. .

LM: Cuénteme, cuando le pagaban, ¿cómo le pagaban?, ¿en cheque o…?

JA: Me pagaba en cheque.

LM: En cheque, ¿cada cuándo les pagaban?

JA: No pos nos pagaban cada, pos creo que cada quince días, o cada semana, ahí así no le puedo asegurar mucho pero sí, sí nos pagaban.

LM: Y, ¿dónde cambiaron el cheque?

JA: Pos nos llevaban al pueblo a cambiarlo, había una parte donde lo cambiaba uno.

LM: ¿Se acuerda cómo se llamaba ese pueblo?

JA: Pos oiga, allá cuando estuve en Michigan se llamaba Saginaw, Michigan, digamos un pueblo grande, más grande que Durango, grande el pueblo.

LM: ¿Qué día iban en…?

JA: Saginaw, Michigan, pos íbamos los sábados ahí cuando teníamos chanza. Sí, grande ese pueblo.

LM: Era grande y, ¿cómo se portaba la gente ahí en el pueblo con ustedes?

JA: No, bien, había poco mexicano, si viera, casi no había.

LM: Más bien americano.

JA: Puro americano y negro, sí veíamos de a montón.

LM: ¿Hablaban español algunos?

JA: No.

LM: ¿En las tiendas o…?

JA: No, no.

LM: ¿Cómo le hacían?

JA: No, pos a veces cuando iba nuestro intérprete era él que nos llevaba. Y sí nos interpretaba.

LM: ¿Mandaba dinero usted a su casa?

JA: Sí, pos para eso íbamos al rancho, al pueblo más grande, pa cambiar el cheque y mandarle a nuestra gente.

LM: ¿Cuánto le cobraban por enviar dinero, se acuerda?

JA: No me acuerdo, pero sí, sí nos daban una copiecita y, y puede que tenga allá en mi, en mi casa tengo unos talones de cheques y unas, unos papelillos donde, que le dejan a uno, ¿verdad? Pa si el dinero no llega regresarle, no, siempre llegaba el dinero.

LM: Siempre llegaba, ¿en qué se divertían cuando no trabajaban?

JA: No, pos casi, casi nunca dejábamos de trabajar. Bueno, cuando llovía que decíamos pos que está muy llovido o que esta un día o dos, pos no, ahí lavando uno su ropa y, y preparándose el lonche, o a lo mejor mañana podíamos trabajar.

LM: Y de la comida ¿tenían cocinero?

JA: No, no, nosotros nos la hacíamos siempre.

LM: ¿Ustedes se cocinaban?

JA: Nosotros mismos, pura tortilla de harina.

LM: ¿Qué comían?

JA: Pos sí, pos comíamos papas, chile, un día creo íbamos a la marqueta se trae pos uno que otro pedacillo de carne cuando tenía uno ganas, sí, no sí, comíamos más o menos no crea usted que…

LM: Qué bueno.

JA: Porque sí, pos el trabajo era durón.

LM: Muy bien, cuénteme en qué más trabajo, cuántas veces se contrató usted.

JA: Como unas diez veces.

LM: Diez veces, cuénteme después de estar ahí en Nuevo México y en Texas a dónde más se fue.

JA: Pos jui a Montana y a Michigan y a Kansas City.

LM: ¿Qué hizo en Montana?

JA: En Montana este, el betabel, en el betabel, en el betabel este, ¿cómo le nombran? Nos daban unos azadoncitos así cortitos. Este, pues le nombran como, lo siembran a chorro, ¿verdad? Lo nombran como, como irlo separando de a una pura mata de esta distancia. De un pie más o menos de retirado, para lo que creciera el camote, ¿verdad?, que diera chanza, desahije.

LM: El desahije.

JA: Sí, con una mano tenía que ir usted rebanando el, quitando, tumbando la mata que sobraba para dejar el espacio de tan largo así. Y con y con otra tenía que ir uste viendo muy bien el ojo para no dejar de a dos porque no admitían dejar de dos, porque sí dejaba uno de dos, crecían para abajo las dos y se enredaban, se daban vuelta y como iban enanchando, la más grande vencía a la más chica. Y tenía que quedar uno, una pura mata, pero le dábamos dos pasadas, le dábamos la primera y después otra, para terminar que la que se quedó. Como cuando lo empezábamos estaba así chiquito a desahijar y cuando ya estaba más grandecito otra, era la segunda, ahí nos pagaban por acre, a $18 dólares el acre.

LM: Dieciocho dólares el acre.

JA: El acre, por acre.

LM: Y, ¿cuánto sacaba más o menos?

JA: No, pos yo sacaba, pos a veces un acre, un acre, nos decían más o menos porque iban, el gobierno mandaba señores a recibir eso, ¿verdad?, con unas aparatitos que tenían ruedita y que tenían como especie de cinta y iban marcando. Unos seis, ocho surcos, largos, ¿verdad?, de unos trescientos, cuatrocientos metros, unos doce surcos era más o menos un acre, lo ubicaban, ¿verdad?, lo largo y luego lo ubicaban, era un acre. No cualquiera hacía un acre, no cualquiera.

LM: ¿Ese acre lo hacía por día?

JA: Por día, un acre, eran $18 pesos.

LM: Entonces sí le salía el chequecito.

JA: Sí, más o menos, sí.

LM: Qué bueno.

JA: Bueno, eso fue, le estoy diciendo que en Montana, ¿verdad?

LM: Ajá.

JA: En Michigan.

LM: A ver vamos a seguir en Montana, ¿en qué año fue eso en Montana?

JA: Sí, pos fue como el [19]58, por ahí.

LM: Ah okay, ¿qué le hacían a ese betabel después de que…? Nomás es lo limpiaban, el desahije.

JA: Sí, no lo limpiábamos, le dábamos dos limpiadas. Era primera y segunda, entonces al último si nos quedaba yerbilla nos ponían ya desyerbar, pero ya con azadón largo, ya el betabel estaba casi de la altura de esta mesa, con las hojotas grandes así.

LM: Muy bien.

JA: Ya era la última limpia, pero ya esa, sí no la pagaron por acre pero, por acre, pero muy barata, a $6 dólares el acre.

LM: ¿Cómo fue que usted se fue a Montana?, ¿usted escogió irse a Montana?

JA: No, no, es que, es que este, yo quería saber partes más lejos. Yo pedí.

LM: Usted pidió, y, ¿sí les hacían caso? Si usted pedía irse…

JA: Sí, porque como había algunos que no querían ir lejos y yo sí, sí me gustaba a mí ir lejos.

LM: Y, ¿en qué lo…?, ¿de ahí de Eagle Pass fue?

JA: Sí, de Eagle Pass nos fuimos en camión.

LM: Y, ¿en qué lo mandaron a Montana?

JA: En el tráiler que le digo. Sí, bueno le estoy, le estoy echando mentiras, bueno no mentiras, sí jui, a Montana jui como dos o tres veces. En una de las veces nos echaron, yo creo necesitaban el trabajo, nos echaron en avión.

LM: ¿En avión?

JA: Ey, así, en un avión viejo.

LM: Mire.

JA: Que según en avión.

LM: ¿No le daba miedo subirse al avión?

JA: No, no, no.

LM: ¿Fue la primera vez que se subió a un avión?

JA: Sí, fue la primera vez que me subí a un avión, todavía me dio más miedo cuando juimos a Michigan, nos pasaron un lago en, en este, en un barco.

LM: En un barco.

JA: Ta no, me gustó mejor el avión que el barco.

LM: ¿Le gustaba?

JA: Mejor el avión que el barco.

LM: Ajá.

JA: El barco no me gustó.

LM: Cuénteme de Michigan, ¿qué fueron a hacer a Michigan?

JA: Juimos a, a este al, al trabajo del pepino, el pepino.

LM: ¿Cómo es eso del pepino?

JA: El pepino es como, como se da como el chilacayote, no, como sandía, pero es chiquito, ese es chiquito, ¿sí ha visto usted? Usted tiene que haber visto allá en El Paso embotado? Hay uno desde, el número uno es chiquito, ese hasta tiene azúcar.
Ese le echan azúcar, el número dos es más grandecito y el número tres ya casi no entra, ese ya va pa fuera y ahí nos daban tres sur… Bueno, nos daban tres sur, tres surcos por semana pero largos como de setecientos metros. Teníamos que revisarlos a que, a que no se quedara un pepinito así chiquito. Porque en tres días crecen de volada.

LM: Claro.

JA: Es en septiembre eso.

LM: ¿Eso fue en septiembre?

JA: Septiembre.

LM: ¿En qué año? Y, ¿estaba grande el rancho ahí donde…?

JA: Sí, taba grande, nomás que de ahí nos, nos destruí… O sea que nos distribuyeron y nosotros estábamos cerquita donde estaba una embotadora de pepino, trabajé también en la embotadora yo.

LM: Cuénteme ese viaje en barco, ¿cómo fue?

JA: Eso fue acá pa Michigan, fue cuando fui.

LM: En Michigan, ¿dónde agarraron el barco, se acuerda?

JA: Sí, lo andábamos, ¿onde fue? No me acuerdo muy bien, pero me parece en Saginaw, Michigan, Saginaw, Michigan.

LM: ¿Cuántos iban?, ¿cuántos trabajadores?

JA: Pos iban, pos ahí metieron muchos, todo lo que le cupo al barco, no me acuerdo cuantos.

LM: ¿Era barco de pasajeros?

JA: Sí, yo creo era de pasajeros, porque cuando llegamos allá, subieron todos los braceros contados, ¿verdad? Y cuando llegaron allá, les faltó uno.

LM: ¿Les faltó uno?

JA: Les faltó uno.

LM: Y, ¿ese dónde quedó?

JA: Estaban muy asustados, creían que se había ahogado. Y, ¿dónde cree que estuviera?

LM: ¿Dónde?

JA: Le pusimos una regañada, iba allá con el que… Allá en la vela, allá tiene sus escalones, se iba con otro allá.

LM: ¿Estaba bonito Michigan? ¿Le gustó Michigan?

JA: Me gustó mucho Michigan, inclusive tengo unas fotos ahí, ahí.

LM: ¿Cómo era? Vamos a hacer una pausa.

(entrevista interrumpida)

LM: Continuamos con la entrevista del señor Jesús. A ver Don Jesús, ¿dónde nos quedamos? Cuénteme, ya después de que llegaron a Michigan, ¿qué hicieron?, ¿a dónde los llevaron?

JA: No, pos nos llevaron al rancho dónde íbamos a trabajar.

LM: ¿Ahí durmieron también?, ¿les dieron casa, les dieron…?

JA: Sí, o sea que ahí en esa concentración donde nos llevaron, ahí cuando bajamos del barco, nos llevaron ahí y nos dieron de comer lonches, lonchecitos y todo eso, ¿verdad? Entonces ahí en la mañana jueron los patrones por la gente que a distribuirlos, ¿verdad?, cada quien donde le tocó. Entonces yo digo que nos llevaron en avión porque se les estaba pasando el pepino. Y luego tenían, tenían una fábrica de esas, embotadora de pepino. Que yo llegué a trabajar también en la embotadora.

LM: ¿Cómo se portaban los patrones con ustedes?

JA: Bien, esa gente de allá, entre más lejos, era si viera que buenas personas, la gente de allá de la más malona era la de aquí de Texas, de Nuevo México, todo eso. Pero aquella gente del norte, porque allá le estoy platicando Michigan y este en Michigan estábamos colindando con Canadá porque había dinero canadiense. Yo traje unos dólares de Canadá, de allá.

LM: ¿Cuánto le pagaban allá?, ¿se acuerda?

JA: Sí, nos pagaban por libra.

LM: Por libra.

JA: El pepino, pero no me acuerdo el precio pero yo me llegué a ganar $25 dólares en un día.

LM: Que era bastante dinero.

JA: Era bastante dinero.

LM: ¿Cuánto tiempo duró ahí en el pepino?

JA: En el pepino, hasta que se terminó, pos todo, todo septiembre, pos un mes, póngale como un mes. Cuando ya se acabó la pisca, dijeron: “El que quiera trabajar, hay trabajo aquí en la embotadora de pepino”. “No”, dije, “sí, yo, yo trabajo”. O todos los que iban conmigo trabajábamos todos en la embotadora.

LM: La embotadora. Y, ¿cómo era el trabajo ahí en la embotadora?

JA: Pos había muchas americanas seleccionando el pepino y a nosotros en el trabajo más pesado, ¿verdad?, por ejemplo, es cargando costales y, y echando a, a las… porque es por bandas, ¿verdad? Echa uno, era como la apartadora de manzanas, que hay aquí. Y va caminando y luego ahí, entonces ya, hubo unas… Seleccionan a unas muchachas y otras están embotando según la, el número del pepino, el chiquito es el, el número uno es chiquito. Lo están echando en unos frascos y luego lo, le echan el líquido que llevan. Eso, hay uno que lleva azúcar, agua azucarada, entonces tienen unas, unos, una especie como, como un tanque y, y tiene unas canastillas de fierro que ahí le echan este, muchos botes, ¿verdad? Tienen otros botes de lámina y ahí echan los frascos, entonces tienen su termómetro, ¿verdad? El calor que necesita, entonces ya, entonces le digo, yo trabajé en eso, bajando, bajando las canastas llenas de pepino. Y luego subiendo, algunas con el aire que sube uno, se quiebran, ¿verdad?, o lo los coge uno por medio de rondanilla, una cosa así.

LM: ¿Cómo era ese lugar? Platíqueme de la fábrica.

JA: Está bien ese lugar, es como era el rastro aquí, ¿no ha ido aquí a Durango al rastro? Haga de cuenta.

LM: Ajá.

JA: Por arriba de ese movimiento, pa acá y pa allá.

LM: Entonces, ¿ahí convivían ya con americanos en el trabajo diario?

JA: Sí, en el trabajo, sí, nomás que este, yo en aquel tiempo como, como uno no estaba impuesto, usábamos botas, yo tenía unas botas grandes hasta acá hasta arriba.

LM: ¿Vaqueras?

JA: Sí, no, no, botas de hule, porque también andábamos a andar entre el agua. Entonces yo, no sé dieron cuenta ellos y yo me enfadé, o sea que se me pusieron los pies muy feos, por el calor de la bota y luego se me metía agua y luego el agua tiene como vinagre del, del que le echan al, la substancia para que se curta el pepino, ¿verdad?, y cocerlo.

LM: ¿Eso era en la fábrica?

JA: En la embotadora, embotadora. Entonces una de las veces como yo ahí trabajaba que dije: “Ahora no llevo las botas”. Y ya me enfadé y me puse mis huaraches. Huaraches de tres agujeros. Y de rancho, porque yo los llevaba.

LM: ¿Cómo son esos huaraches?

JA: Son de tres agujeros.

LM: Para los que no los conocen.

JA: Sí mire, enséñeme ese papelito, ese.

LM: A ver, platíqueme nomas así.

JA: No, pa pintárselo. El huarache así, la forma del pie. Así es el pie, así, tiene aquí, tiene aquí en donde le mete uno correa y aquí.

LM: ¿Para el dedo gordo?

JA: Para el dedo gordo, en medio del dedo gordo, aquí.

LM: Y a los lados.

JA: Y aquí, aquí va la correa y luego se amarra y yo traía huaraches y como se quebraron varios frascos en el tiempo que yo estuve trabajando. Entonces como andaba yo, tenía que ir para allá y para acá. Entonces se me, un talón me rajó un vidrio también con todo y huarache. Estaban yo creo todos los vidrios muy, me rajó el talón con todo y huarache y me llegó a la sangre pero como la agua era, estaba el agua revuelta con vinagre a mí no me dolía. Pero, pero el hilito de sangre salió allá onde las muchachas estaban apartando y hicieron un escandalazo, los americanos, no, pos que quien y que, que estaban especulando. Hasta que vino el mayordomo y dijo: “A ver tú, ven”. Pues luego luego vio y dijo: “¡Ah!”, dijo, “y, ¿pa qué te pones?”. “No”, le digo “pues es que enfado lo otro, y pero ya”. Yo ya tenía buena rajadilla pos…

LM: Oiga, y, ¿había médico ahí?

JA: Sí, lo luego me llevaron, me llevaron con el médico inmediatamente.

LM: Y, ¿ese día ya no trabajó?

JA: Ya no trabajé, me dieron orden de que tres días no trabajara pero me iban a, a pagar, ¿verdad?

LM: ¿Sí le pagaban?

JA: Y sí me pagaron.

LM: Mire, qué bien.

JA: Y el médico muy rústico, los médicos eso sí, también no me gustó, no me durmió el pie ni nada, ni el talón. Me cerraron a fuerzas dos enfermeras así porque ya tenía yo abierta la piel, ya pos si jue como una, buen pedacillo como una media pulgada y me cocieron.

LM: Y le cocieron, ¿le pusieron anestesia y todo?

JA: No, no me pusieron, es lo que le digo que es lo que no me gustó, sí me dolía.

LM: Claro.

JA: ¡Las puntadas me dolían más que la cortada!

LM: Pues sí.

JA: Ey y ya dijeron que: “Usted no trabajar por una semana”.

LM: En esa época usted todavía vivía ahí en las barracas o, ¿dónde vivía cuando trabajaba en la embotadora?

JA: No, no, no teníamos, teníamos, teníamos casa.

LM: ¿Cómo era esa casa?

JA: No, unas casas más o menos, pos casas antiguonas, que ellos ya dejaban pero, sí tenían sus, ¿no le digo que tenían camas así?

LM: ¿Tenían su baño?

JA: Sí, tenían su baño, todo, servicios, todo bien, ¿verdad?

LM: Y ellos, se todo…

JA: Y luego las estufas que nos daban eran de gas y ellos ni luz, ni gas, todo pagaban ellos. Nosotros nomás es la comida, es todo.

LM: Todo les pagaban.

JA: Todo pagaban.

LM: ¿Taba a gusto usted ahí?

JA: Sí estábamos a gusto.

LM: Mire, qué bien, ¿cuánto tiempo duró trabajando ahí en esa embotadora?

JA: Algunos quince días, después de que se acabo la pisca. Como el 15 de octubre ya, ya dijeron pos que ya no había trabajo y nos venimos a Eagle Pass y ya no hubo modo de renovar otra vez y ya me vine pa México.

LM: ¿En que se regresaron a Eagle Pass?

JA: Nos mandaron ellos en, en otro tráiler.

LM: ¿En otro tráiler?, ¿en una caja?

JA: Sí.

LM: ¿Cuánto hicieron?

JA: Pero cuando juimos si nos llevaron en avión, sí te digo, pero ya pa regreso yo creo ya salía más caro y ya no.

LM: Y, ¿quién pagó ese viaje?

JA: No, pos el gobierno, no sé la verdad, no.

LM: Y, ¿cómo era el tráiler?, descríbamelo. ¿Cuántas horas hicieron en ese tráiler?

JA: Hicieron muchas horas.

LM: ¿Cómo cuantas?

JA: Como tres días, como más de setenta y dos horas.

LM: ¿Parados ahí?

JA: Pos sentados y parados, sí, porque traíba asientos. Pero muy forzados, muy oprimidos.

LM: Y, ¿qué comían en ese?, ¿les daban de qué comer?

JA: Sí, cada chofer que iba, yo creo llevaba orden, compraba un viaje [de] lonches, contaba, ¿verdad?, cada quien su lonche.

LM: ¿Estaba buena la comida?

JA: Pos no muy buena, pos ahí lo que le gustaba a uno, no le gustaba a otro y ahí cambiábamos: “Oye pos no me gusta esto, cámbiamelo”. Y así nos la llevábamos.

LM: ¿Muy cansado esos tres días?

JA: Sí, sí, sí, muy cansado.

LM: Y llegaron a Eagle Pass.

JA: Sí, a Eagle Pass, sí.

LM: Y, ¿ahí qué hicieron?

JA: Pos ahí ya no hubo contrato, ya nos venimos, ya no tuvo… Pero nos estuvimos ya le digo mayo, junio, julio, agosto, septiembre y octubre.

LM: ¿Le tocó frío allá en Michigan?

JA: Sí, pos ya, allá, ya en octubre ya hacía frío ya, allá es frío, allá.

LM: Y, ¿cómo le hacían con el frío?, ¿llevaba, compraban, les daban ropa?

JA: No, no, tenían calefacción, no.

LM: ¿Pero en las fábricas les daban ropa?

JA: Sí, sí, ropa apropiada, sí, ¿no le digo que hasta botas dan?

LM: O, ¿ustedes las compraban?

JA: No, nos daban ellos.

LM: Qué bueno, muy bien.

JA: Nomás que nos las cobraban, nos las descontaban. Pero nos las traíamos, ¿verdad? Nos las traíamos.

LM: Muy bien, cuénteme de ahí de Eagle Pass ya para regresarse, ¿le pidieron algún documento?, ¿le dieron alguna mica?

JA: No, no, no, ¡Ah sí nos dieron mica!, todos los que cumplimos los dos contratos, tres contratos nos dieron mica.

LM: ¿Cómo eran esas micas?

JA: Unas miquitas así, así, así como esta que ve aquí y que tiene mica es esta, ¿sí es mica esta?

LM: Ajá.

JA: Como esta.

LM: Y, ¿qué les decían?

JA: Como esta, exactamente como esta.

LM: ¿Qué les decían de…?

JA: “No, pos esta se las damos al que cumple”, nos dijeron. Pero nos dijeron acá en, en Eagle Pass fue donde nos dijeron: “Estas, ustedes, si otro año vienen, a la mejor al patrón sí le gustó el trabajo los solicita”. Sí, sí nos solicitaban, a mí me solicitaron dos años en Montana.

LM: Cuando ustedes terminaban ahí, ¿qué les decían los patrones?, ¿ya que se fueran o les ofrecían más trabajo?

JA: No, no, ya de enero ya no había porque se venía el frío ya.

LM: Pero, ¿les hacían oferta para la próxima temporada?

JA: Pos sí, a algunos sí hablaban con el intérprete y les decían, sí.

LM: Y usted ya puede decir que, ¿cómo puede decir usted que lo trataron allá en los Estados Unidos?

JA: Pues a mí, más o menos, yo no puedo decir que me trataron mal, a mí me trataron bien.

LM: Qué bueno, la gente y los… Oiga, y de La Migra, ¿le tocó ver algo a usted algo de La Migra allá?

JA: ¿Cómo?

LM: En Migración de los que andaban, alguna experiencia que le hayan pedido sus documentos o algo.

JA: ¿A mí? No.

LM: ¿No se oía La Migra? No…

JA: No, no, casi no se oía, no, no se oía. O sea que en aquél tiempo como estaban muy lejos esos estados, no veía usted mexicano, puro tejano. Que iban también, inmigraban de Texas a los trabajos allá, claro yo creo estaba mejor pagado allá, ¿verdad?

LM: Claro, ¿conoció usted chicanos?

JA: Sí, es, es que le digo que, que acá en, en Saginaw, Michigan, ese amigo, el intérprete, ese sí nos alivianaba, o sea, cuando menos nos decía: “Vamos allá, no más me dan pa gas pal carro”. “Vámonos pues”.

LM: ¿Cómo se portaba él?

JA: Bien, bien.

LM: Qué bueno, ¿hizo amigos usted allá?

JA: Pos ese, ese y otro chicano. Otro chicano, que juimos a un, a un día de, pos yo creo que era un, un cumpleaños de, de algún niño o bautismo, o yo no sé que era, nos invitó. Y la sorpresa que llevamos, que, que, este, muy comedores, nos apuntaron en una mesa, con casi una paleta de un borrego. Grande estaba así, yo creo barbacoa, ¿quién sabe qué sería?

LM: ¿Taba bueno?

JA: Sí estaba bueno, pero yo no me comí ni la mitad, pues era mucha. (risas) Pero a gusto sí, esos amigos teníamos.

LM: ¿Llegó usted a ahorrar algún dinero de lo que estuvo allá?

JA: Sí, no, aquí en, bueno, ya para venirme cuando ya se estaba cumpliendo sí, sí ahorrábamos cuando ya nos íbamos a venir. Pos unos $600 dólares no le voy a decir que tanto, $1000 dólares nunca ahorré yo pa allá, pues yo mandaba.

LM: Claro.

JA: Pos unos $500, $600 dólares.

LM: ¿Cada cuándo le mandaba a su familia?

JA: Cada mes.

LM: Cada mes.

JA: Cada mes.

LM: Este y lo que ahorró, ¿dónde lo guardaba?

JA: No, no, pos fíjese que eso, pos lo guardaba uno por ahí y luego como teníamos ahí, estábamos muy bien con, bueno pos muy controlados nosotros, ¿verdad?, ahí todo, ¿verdad? Entonces sí nos decía ese tejano que abriéramos cuenta en el banco pero no quisimos porque dijimos: “Qué tal si este mismo nos tranzea”. Y no, no quisimos, porque él nos decía que nos llevaba al banco, dijimos: “No, no, es que ya lo mandamos a México”, le decíamos.

LM: ¿Se lo guardaban por ahí?, ¿aprendió usted algo inglés?

JA: Poquillo, nomás a pedir café y cerveza nomas. (risa)

LM: ¿Se echaban un que otro traguito?

JA: Uno que otro sí.

LM: ¿Cuándo?

JA: Pos a veces, por ahí cada quince días, en el sábado o en el domingo.

LM: ¿Dónde?, ¿ahí en la granja o se iban al pueblo?

JA: No, íbamos al pueblo. Bueno, en Montana había una parte que se llama Nam… Que se llama, este, ¿cómo se llama? Harding, Harding, querrá decir Jardín yo no sé, en Montana.

LM: Okay.

JA: Cerquita de la capital de Montana.

LM: Muy bien.

JA: ¿Sabe usted cómo se llama la capital de Montana?

LM: Sí.

JA: ¿Cómo se llama?

LM: Dígame, cuénteme, ¿cómo era el lugar de ahí donde se iban a tomar las cervezas?

JA: Harding, era un pueblito chico.

LM: No, no pero el… ¿Era un restaurante, era una cantina?

JA: No, no era, era cantina.

LM: ¿Era una cantina?

JA: Era cantina.

LM: Y, ¿ahí iban muchos braceros?

JA: Sí, no, no iba mucho americano y ahí me encontré el único, me encontré a un mojao [mojado] que tenía veinte años allá. Conocido de acá de mi rancho.

LM: ¿El cantinero hablaba español?

JA: Casi no, pero el mojado ese si viera como hablaba, pues tenía veinte años acá en Montana. Y nos lo encontramos, yo ya ni lo conocía, a mi me conoció. “Quihúbole, quihúbole”. Y yo le dije: “Bueno, ¿cómo andas tú?”. “No”, dijo, “yo ando de mojado”.

LM: ¿Era de Durango él?

JA: Era de aquí de Durango.

LM: Cuénteme, ¿a qué horas llegaban ahí a tomarse un que otro trago?

JA: No, pos nosotros cuando íbamos a, los sábados íbamos a comprar comida y la hora de, como andábamos juntos era nomás una hora cuando mucho, tomábamos hay unos dos tanditas cada uno y ya vámonos. Y el que tenía ganas… “No, no, vamos a la marqueta y llevábamos pa tomar allá”. Es que no nos gustaba acá, sí llevaban algunos pa tomar allá. Yo casi no, yo hasta la presente yo ni fumo ni tomo, casi.

LM: Qué bueno, ¿alguna vez tuvo algún problema?

JA: No.

LM: Cuando estuvo por allá, ¿algún disgusto con algún compañero?

JA: Nunca.

LM: ¿Se ayudaban mucho los compañeros, los braceros?

JA: Sí.

LM: Mire qué bien, este, vamos a ver, ¿en su día de descanso que hacía? ¿En el domingo? El sábado iban a comprar…

JA: Pos a lo mejor nos bañábamos en agua, que alguna canal o algo, íbamos a bañarnos.

LM: ¿Jugaban a algo?

JA: Sí, no, ahí, pos ahí al dominó, teníamos dominó ahí, a algunos que sí les gustaba la baraja jugaban, pero a mí a no, a mí no.

LM: Qué bueno, pues ya, ya vamos a…

JA: A terminar.

LM: Sí, quiero que me diga después de que usted se regresó a México, ¿qué hizo, aquí, en que trabajo aquí en México?

JA: No, pos seguíamos en la agricultura misma. Por ejemplo, cuando nos regresábamos a fines de septiembre, todavía alcanzábamos jale acá, que cruzaron maíz y cuando no helaba en octubre, pos todavía alcanzábamos también trabajito. Y en seguida levantar la pastura lo que nuestra labores daban, porque hay veces que nos veníamos, y hay dejábamos sembrado algo de cultivar, ya mandábamos la feria, ya le decíamos a la señora de la familia: “Pos manden a segundar”. Algunas personas que se quedan. Como mandábamos dinero y ya acababan de beneficiar, cuando veníamos, teníamos nuestra cosechita para seguir trabajando.

LM: ¿Cuál fue la trabajada más larga que usted dio por allá?, ¿cuántos meses?

JA: Esos que le cuento, mayo, junio, julio, agosto, septiembre, octubre, seis meses fue lo más.

LM: Seis meses, y, ¿luego venía? ¿Cuántos se estaba por acá?

JA: Pos nos tábamos, por ejemplo octubre, noviembre, diciembre y enero y febrero y marzo, abril, por siete meses, en mayo otra vez a contratar, nos estábamos siete meses acá.

LM: Ya cuando regresó, ¿alguna vez se le volvió a ocurrir irse a trabajar o algo?, ¿no le quedaron ganas?

JA: ¿Cuándo?, ¿cuando ya se acabo la construcción? No, a mí no me quedaron ganas de ir de ilegal no, no me gustó a mí. Porque decía yo, ya ves como hay muchos, ni han vuelto, ni… O sea que les ha ido muy mal a muchos.

LM: Claro.

JA: A mí ilegal nunca, no me gustó.

LM: Muy bien, entonces, ¿cuál fue el último lugar dónde usted trabajo allá?

JA: ¿Yo? En Kansas City.

LM: En Kansas City, ¿qué hacía en Kansas City?

JA: Piscar también, algodón.

LM: Y ya cuando regresó, ¿cómo se regresó hasta a Durango?, cuénteme.

JA: No, pos nos regresaron a onde mismo, aquí a la contratación. Y de ahí, pos ya de ahí nos venimos nosotros a Piedras Negras, al [El] Paso ahí o Piedras Negras.

LM: ¿A la contratación ellos le pagaban el viaje?

JA: No, nosotros nos contratábamos en Monterrey.

LM: Sí.

JA: Y pagábamos viaje para allá todo y de allá para acá nos entregaban en la contratación desde Eagle Pass y de ahí para acá pos veníamos nosotros.

LM: Ya por su cuenta.

JA: Sí, por nuestra cuenta.

LM: Y, ¿en qué se regresó a Durango?

JA: No, pos agarré un autobús de ahí, de Eagle Pass.

LM: ¿Cuánto le cobraron, se acuerda?

JA: No, no me acuerdo.

LM: ¿Traía centavitos?

JA: Sí, traía como $300, $400 dólares.

LM: ¿Se regresó con algún compañero o venía solo?

JA: Sí, no, ya traía yo, traía un compañero de camino.

LM: ¡Ah! Qué bien, quiero que me platique, en qué siente usted que benefició su vida el haber sido bracero.

JA: Pos uh, como taba la muy… La crisis muy económica acá con nosotros. Sí, sí benefició mi vida porque la última vez que fui yo, compré unas tres vaquitas yo y me producieron [produjeron] y todavía tengo unas diez vaquitas aquí de eso.

LM: ¡Ah, qué bien!, ¿qué significa para usted el termino bracero?

JA: ¿Que qué significa, de se acabó?

LM: No, no el término de que alguien hable de los braceros, de que alguien le diga a usted que fue bracero, ¿usted qué siente?

JA: No, no, pos no siento mal porque, porque nos alivianamos, nos ayudamos, ¿verdad? Yo, yo sé que por ahí dicen que pa Carolina del Norte van todavía. Oigo yo decir por hay, ¿verdad?, quien sabe si será cierto, ¿sí será cierto?, sí van, ¿verdad?

LM: No sé la verdad, pero…

JA: Pa Carolina.

LM: ¿Todavía va gente?

JA: Es otra clase de bracero. Creo ya les piden pasaporte. Y también, yo no sé si hagan contrato, pero piden pasaporte para poder pasar.

LM: En términos generales, ¿usted cree que es positivo o es negativo el haber sido bracero?

JA: No, bueno nosotros, yo decimos, como nosotros teníamos nuestra vida acá muy económicamente, ¿verdad?, nuestros ingresos, ¿verdad?, dinero. Nosotros sí nos gustó, ¿verdad?, ¿pa qué voy a decir que no? Porque nos alivianamos un poquito.

LM: Qué bueno, ¿el haber sido bracero cambió su vida de alguna manera?

JA: Sí, porque yo, tenía un hijo estudiando yo, en ese tiempo, que ahorita el chamaco tiene cuarenta y un años, es ingeniero y cuando yo iba para allá estaba internado él aquí en Ciudad Guadalupe, ¿Guadalupe es que…?

LM: ¿Aguilera?

JA: No, no, Coahuila, es un internado ahí, ya ve como les nombran y luego ya estudió hay. Y luego ya regresó y hizo una petición para aquí en Pasajes, aquí pasando Torreón, ahí hizo un examen entre cuatro mil niños. Y dieron cuatrocientas becas y él fue agraciado, hizo bien la prueba y se jue a Chapingo, México, es ingeniero.

LM: ¡Ah! Mire, qué bien, entonces con lo que usted trabajo él…

JA: Trabajé…

LM: Él pudo estudiar.

JA: Pudo estudiar y luego yo de allá él me encargaba, porque él es grandote. Mi familia, mi esposa es grandota. Y les decían de familia más crecida, ta grande y, y le gustaban mucho los pantalones Levi’s de allá y yo le traía hasta dos, tres pares de pantalones.

LM: Mire, qué bien.

JA: Y ya yo se los regalaba.

LM: Muy bien.

JA: Y él, pos le echó ganas a la escuela.

LM: Qué bueno, qué bueno, me…

JA: Es ingeniero agropecuario, está bien ahorita, nada más que está en Nayarit, está en Nayarit, él vive a gusto.

LM: Qué bueno.

JA: Con su trabajo.

LM: Pues algo más que nos quiera comentar ya para…

JA: ¿Para cerrar ya?

LM: Para cerrar este…

JA: No, pos yo, yo lo que sí le digo es que, este, que aquí la señorita que puso en los papeles, algo puso hay. ¿Sí sabe lo que ponen al último?

LM: No.

JA: Sí, le puso ahí que si, que si yo este, sentía, como lo que me acaba de preguntar usted que, que si, que yo veía bien que hubiera contrataciones. No yo digo que sí, que está bien porque legalmente va uno y a la mejor el siguiente beneficio nos llega, qué bueno porque nos damos otra alivianadita, ¿verdad?

LM: Claro.

JA: Porque la crisis económica aquí en México está muy dura.

LM: Así es.

JA: Y entonces, yo si, lo poquito que nos den, pienso yo meterlo al banco y, y tener un recuerdo mientras vivo yo.

LM: Qué bueno.

JA: Para que me produzca un poquito más o a ver lo que se pueda sí.

LM: Don Jesús, pos muchas gracias. Quiero agradecerle mucho…

JA: Igualmente yo.

LM: El que nos haya compartido sus experiencias y sus memorias, le damos las gracias por esta oportunidad que nos dio.

JA: Igualmente yo le agradezco que a la mejor tenga oportunidad ya yo de ir a ver su museo, quien sabe cuándo, ¿cuándo estará listo?, o, ¿ya está?

LM: No, está en proyecto todavía, pero algún día va a estar y…

JA: Bueno, a lo mejor informamos con usted pa ir a dar una vuelta.

LM: Para que…

JA: ¿Va a estar en El Paso, verdad?

LM: Sí.

JA: Si.

LM: Para que le diga usted a su familia y…

JA: Yo les voy a platicar mi familia, a mi hijo…

LM: Bueno.

JA: A mi hijo este que es ingeniero, pos él tiene su pasaporte, cada año va él, le voy a decir: “Llegue ahí a El Paso y busque el museo y a ver que ve de mí, ¿verdad?

LM: Muchas gracias.

JA: Gracias.

LM: Hasta luego.





Fin de la entrevista

Javier García Robles

Biographical Synopsis of Interviewee: Javier García was born on May 23, 1937, in Estación Progreso, Durango, México; when he was eight years old, he began farming and working in the fields; the financial hardships he experienced during the 1950s led him to enroll in the bracero program in 1957; as a bracero, he worked in California picking and packaging tomatoes.


Summary of Interview: Mr. García briefly recalls his family, childhood, and adolescence; in 1957, during his first year of marriage, he found himself out of work, and he decided to enroll in the bracero program; in order to begin the hiring process, he had to take a bus from Durango, Durango, to Guadalajara, Jalisco, México, and from there to the border; he details the various procedures of the hiring process at the contracting center in Guadalajara and the reception center in El Centro, California, as well as the medical examinations he underwent; as a bracero, he worked in California picking and packaging tomatoes; in addition, he describes what daily life was like for braceros on the farms, including work, wages, payments, contract extensions and amendments, housing, food, their weekend outings, and how they were treated by their American employers; he comments that the quality of the food was extremely poor, and they were also served very small portions; following his description of what his life was like after having worked as a bracero, he concludes that he is proud to have been part of the program because it benefited him greatly.

Isidoro Abrego Alvarado

Nombre del entrevistado: Isidro Ábrego Alvarado
Fecha de la entrevista: 2 de junio de 2003
Nombre del entrevistador: Laureano Martínez

Esta es una entrevista con el señor Isidro Ábrego Alvarado en la cuidad de Durango, Durango, el día 2 de junio de 2003 conducida por Laureano Martínez para el Proyecto Bracero del Instituto de Historia Oral de la Universidad de Texas en El Paso.

LM: Buenas tardes don Isidro.

IA: Buenas tardes.

LM: Don Isidro, me gustaría comenzar esta entrevista preguntándole, ¿dónde y cuándo nació usted?

IA: Yo nací el día 4 de abril de 1931, en un pueblito que está aquí cercas que se llama el Sauz Bendito.

LM: El Sauz Bendito, ¿municipio de dónde?

IA: Municipio de Canatlán.

LM: Canatlán, Durango, ¿verdad?

IA: Sí.

LM: ¿Cuántos años tiene?

IA: Tengo setenta y tres años.

LM: ¿Cómo se llamó su papá?

IA: Se llamaba Luis Ábrego.

LM: Y, ¿su mamá?

IA: Juana de la Cruz.

LM: ¿De dónde eran originarios ellos?

IA: Ellos eran originarios de un pueblito que se llama Miguel Allende.

LM: Miguel Allende, ¿dónde está ese pueblito?

IA: Allá está por el Municipio de Nuevo Villado.

LM: Nuevo Villado, Durango. ¿Cuántos fueron ustedes de familia?

IA: Nosotros fuimos cuatro de familia nada más.

LM: Cuatro, ¿cuántos hombres y cuántas mujeres?

IA: Tres hombres y una mujer.

LM: De esos cuatro, ¿qué lugar ocupaba usted, don Isidro?

IA: Yo era campesino allá en aquellos tiempos, era campesino. Yo sembraba maíz y frijol.

LM: Y, ¿era usted el más chico o el más grande?

IA: El más chico de la familia.

LM: Era el menor.

IA: Sí, el menor.

LM: ¿A qué se dedicaba su papá?

IA: Era también campesino él también. Sí, también era campesino.

LM: Tenían tierras propias.

IA: Sí. Bueno, era ejido.

LM: Era ejido.

IA: Es ejido todavía.

LM: ¿Qué sembraba su papá?

IA: Maíz, frijol.

LM: Su mamá, ¿se dedicaba al hogar?

IA: Sí, al hogar. Ella ahí en la casa nomás, trabajaba ahí en la casa.

LM: ¿Tenían gallinitas?

IA: Sí, pos sí, cómo no. Pos ni modo, ahí gallinitas, marranos, una vaca y mulas pa sembrar y todo eso teníamos ahí.

LM: ¿Fue usted a la escuela, don Isidro?

IA: Pues no, no terminé ni la primaria siquiera, fíjese. Porque en aquellos tiempos casi no había escuelas nada, estaba muy difícil la escuela en aquellos tiempos, fíjese. Yo recuerdo que era muy difícil, yo alguna de mis hijas por allá yo trataba de que estudiara y estudió hasta sexto año, nomás la primaria, nomás, fíjese. Pero ya con eso, en aquel tiempo la primaria era un estudio, ¡qué barbaridad!, era muy grande, muy arriba. Sí, ¿verdad?, ya ahorita ya no.

LM: ¿Era difícil terminar la primaria?

IA: Era muy difícil. Es más, yo tuve que transportarla, la trasportaba yo a ella. Tenía un carrito de caballos y la trasportaba de ahí de donde nosotros vivíamos a otro pueblito que estaba ahí, porque ahí no había nada. Y fue del modo que, que terminó la primaria.

LM: Y usted, ¿hasta qué año llegó?

IA: No, yo nomás llegué hasta segundo año, nomás.

LM: Hasta segundo.

IA: Hasta segundo año, nada más.

LM: ¿Aprendió a leer y a escribir?

IA: Sí, sí ahí aprendí a leer y a escribir. Y ahora he aprendido mucho porque me gusta mucho leer periódicos y todo eso. (risas)

LM: Qué bueno.

IA: Sí.

LM: Cuénteme, don Isidro, ¿le ayudaba usted a su papá?

IA: Sí, bastante. Sí, bastante le ayudaba, mucho le ayudaba.

LM: ¿A qué edad empezó usted a ayudarle?

IA: De la edad de los quince, dieciséis años.

LM: ¿A qué le ayudaba?

IA: Pues le ayudaba yo a trabajar, pos a trabajar ya con un tronco, trabajando, sembrando y escardando, segundando y todo eso.

LM: ¿Cómo sembraban? ¿Cómo eran los troncos?

IA: Era, podías a poner dos mulas, un arado, en aquel tiempo, una persona, voy a suponer un niño, iba con un morralito aquí sembrando atrás, zas, zas, zas, zas.

LM: Iba el arado.

IA: Él araba, iba abriendo la tierra y entonces otro, otro arado, otro tronco vamos a decir, venía atrás tapándola. Le decían la tapada y así, daba vuelta y otra vez y así, eso era la siembra. Se dio el tiempo ya que el maíz estaba grande, había que escardarlo. Ya que cuando el maíz estaba grande así, había que segundarlo.

LM: ¿Qué era la escarda?

IA: La escarda era, el arado, ¿verdá? Así y arrimarle la tierra al maíz, ¿verdad? Porque cuando se… El maíz al sembrarlo, ¿verdad?, salía así nomás, ¿verdad? Pero uno de campesino sabía a qué tiempo tenía que darle aquella escarda. Ya cuando estaba grandecito, metía el arado, juntaba la tierra y quedaba nomás el puro hoyito ahí.

LM: ¿Lo cubrían con tierra?

IA: Lo cubrían con tierra, exactamente.

LM: Y, ¿la segundada?

IA: La segundada era cuando ya el maíz ya estaba grande así. Ese era muy fácil para nosotros los campesinos porque era nomás ir por cada calle, ¿verdad? Del surco nomás y era mucho avanzar, mucho, ¿verdad? Y era muy fácil eso.

LM: ¿Cómo era la vida en aquellos años? ¿Cómo fue su infancia?

IA: Mire, ahorita yo tengo muchos hijos aquí y yo platico mucho y a ellos también les gusta mucho que platique yo con ellos. No se compara la vida ahorita con aquel tiempo, sí. ¡No, no, no! En aquel tiempo sí había mucha necesidad. Porque le voy a dicir porque, porque vivíanos todos en el rancho, no había protestas, no había manifestaciones, no había quien fuera un grupo a hablar con el gobierno, a hablar con el presidente municipal, a hablar con equis persona. No había nada de todo eso. Así es que la gente ahí vivíamos todos, ¿verdad?, con mucha necesidad. La gente no tenía con qué comprar un pantalón. Este, a los pantalones aquí les ponían, los cosía la mujer, así pa todos lados.

LM: De la rodilla.

IA: Sí, de la rodilla, sí se… De aquí de atrás.

LM: ¿Parchados?

IA: Parchados y de todo eso porque no había, muy raro. Unos zapatos, casi no había quién los trajera, puro huarache de llanta de, de llantas de esa de carro. Le ponía, unas correas de esas, había unas correas que vendían y ahí las ganchaba y a caminar, pero casi no había quién. Yo era un joven y yo fui a trabajar a La Laguna, que era onde más o menos pagaban bien y había trabajito ahí. Y ese año venía yo muy contento, yo tenía como unos diecinueve años, venía muy contento porque en esa ida que me di, compré unos zapatos. Pero aquellos zapatos, aquellos zapatos eran nada más para el sábado y el domingo.

LM: Nada más.

IA: Nada más, sí pos si se los ponía como ahorita, los acababa y, ¡pa comprar otros!, (risas) pos ese era el asunto.

LM: ¿Hasta qué edad trabajó en, dice que a La Laguna se fue de qué edad?

IA: De dieciocho años.

LM: Don Isidro, ¿cuándo se entera usted que se puede ir a trabajar a Estados Unidos como bracero?

IA: En 1953, como nosotros vivíamos de la agricultura, ¿verdad?, del campesinado, aquí en todo el estado de Durango fue un año que no llovió absolutamente nada. Aquí en Durango se abrió un centro de contratación, ¿verdad? Pero luego la gente, pos había gente aquí. Y como es un centro de contratación, usted se imagina había gente de distintas, de toda la república, voy a suponer, e hicieron muchas averías aquí, muchas averías hicieron. La gente empezó a protestar y ya no quisieron eso, entonces siguió ese año en 1953 aquí estaba el gentío así, me fui y me contraté en Chihuahua.

LM: ¿En Chihuahua?, ¿aún habiendo centro de contratación?
IA: Había centro de contratación, pero aquí vine. No, veía las cosas muy difíciles, ¿verdad? Me fui a Chihuahua, entonces en Chihuahua ahí sí, sí arreglé el primer año que fui, la primer vez que fui.

LM: Y, ¿qué les pedían para enlistarse como braceros?

IA: Mire, en esos años, tenía que sacar un número, así le daban un número, ¿verdad? Un numerito que le daban así. Entonces ahí estaban los soldados, ahí donde estaban hablando por micrófono a la gente que le tocaba y luego ya este, le hablaban a uno. Iba caminando, entonces ya, ya cuando ya me tocó, fui yo pregunté, y ya cuando me tocó, ya le pregunté ahí a un sargento que está ahí. “No”, dijo, “pa mañana, pa mañana sería tu número”. Sí, efectivamente, otro día ya me hablaron. Yo no conocía nada de Estados Unidos, ni sabía qué sería Estados Unidos, ni sabía nada. Yo iba nomás, yo iba solo, no llevaba ningún compañero de aquí como a veces, yo iba solo.

LM: Cuénteme, ¿en qué se fue de aquí a Chihuahua?

IA: Me fui en un tren carguero de, de… Yo estaba trabajando en Cevallos, Cevallos, Durango. Ahí había mucho algodón ese año.

LM: ¿Allá cerca de La Laguna?

IA: Cerca a La Laguna, ahí hay un Cevallos. Había mucho algodón y ahí me puse a trabajar. Y en aquel tiempo $15 pesos era mucho dinero, era mucho dinero. Y yo traiba $15 pesos. Bueno, pos ahí me fui, iba unos en un tren carguero ahí y luego me abrieron la puerta y íbanos cuidando la puerta que no se fuera a cerrar y ya nos fuimos a Chihuahua. En Chihuahua llegué y como no conocía nada…

LM: ¿Comentó usted con alguien de su familia que se iba a ir de bracero?

IA: Sí, sí.

LM: ¿A quién le comentó?

IA: Bueno pues entonces en ese tiempo yo estaba recién casado, éramos nada más yo y mi esposa y un hijo que ahorita que es el mayor de aquí de la familia.

LM: ¿En ese año se casó?

IA: Ese año y mi esposa se quedó aquí por la necesidad que teníamos. Ella me insistía mucho que no me juera. Pero con la necesidad que teníamos, no, a mí no me interesaba nada, teníamos un niño nomás, en ese año.

LM: Y, ¿qué se oía de los braceros? ¿Por qué se animó o qué?

IA: En 1941 fue el año que fueron los primeros braceros de aquí de, de la República Mexicana. Pero ese año recuerdo que había guerra con Estados Unidos, por allá quién sabe dónde, ¿verdad?

LM: La Segunda Guerra Mundial.

IA: Entonces muchos no querían ir, porque es que no, que no, que los llevaban a la guerra pero no era cierto.

LM: ¿Tenían miedo?

IA: Tenían miedo, sí. Y muchos no iban, no quisieron ir por eso. Pero ya después empezó ya a saberse, a saberse y empezó a ir la gente. Y los primeros braceros cuando llegábamos, pos estaban muy bien allá, pos ya cuando llegábanos, sí. Ya era otro movimiento.

LM: ¿Aquí le tocó ver algún paisano, que hubiera regresado?

IA: Yo, nomás a una persona vide, en 1941 me parece o [19]45 me parece, por ahí. Fue la primer persona, una persona que vide yo que vino de Estados Unidos con mucho dinero.

LM: ¿Venía con mucho dinero?

IA: Sí, traiba mucho dinero, porque entonces en aquel tiempo me parece que el dólar valía $4 pesos o $3 pesos, por ahí va la cosa, ¿verdad? Y entonces pues ya toda la gente al ver aquella persona, pos toda la gente se emocionó y dice: “Pos no, yo me voy de bracero”. Aunque no estaba muy fácil, ¿eh? Era un chorro de documentos que le pedían.

LM: ¿Qué le pedían?

IA: Entonces algunos requisitos no los llenaba, ¿verdad? Y ahí taba la cosa.

LM: ¿Se acuerda usted qué fue lo que le pidieron ya cuando llegó a Chihuahua?

IA: Sí, sí me acuerdo bien, cómo no. Ahí se necesitaba el acta de nacimiento, no había todavía tarjeta electoral, no había todavía. Pero el acta de nacimiento, la cartilla militar y algún recibo de ahí del rancho donde vivía, del pueblito donde vivía, eso era todo lo que le pedían.

LM: ¿Llevaba usted eso?

IA: Sí, yo todo llevaba, yo todo llevaba porque yo ya sabía lo que pedían, ¿verdad? Entonces yo ya sabía todo eso.

LM: Claro, ¿cómo era ese centro de contratación ahí en Chihuahua?

IA: Era muy bonito. Bueno, en Chihuahua ahí taba la revisión médica, la revisión de… Bueno un chorro, de examen que le hacían ahí al mexicano.

LM: Platíquenos de esos exámenes.

IA: Era muy duro, fíjese, era muy duro el examen. ¡Ande!, yo me acuerdo. Nombre, ¡qué barbaridad!

LM: ¿Cómo era?, ¿qué les decían?, ¿qué hacían o qué?

IA: Mire, luego luego llegando, luego cuando ya le daban a uno sus papeles ya onde uno ya sabía que iba a trabajar allá, unas hojas rosas que le ponían ahí, ya sabía que iba a trabajar ahí. Pero luego luego entrando, luego luego entrando, que uno iba de aquí ahí ya pa onde ellos estaban, estaban todos los médicos de todo, ahí estaban unas personas con un viaje de, con una bomba de desinfectar, todo, desde los pies hasta la cabeza.

LM: ¿Con ropa o sin ropa?

IA: Con ropa, sí.

LM: ¿Los rociaban?

IA: Los rociaban todo aquello.

LM: ¿Qué era, algún polvo?

IA: Era un polvo, como insecticida, una cosa así era.

LM: Ni les avisaban.

IA: No, no nos avisaban nada.

LM: ¿Usted sabía?

IA: Yo no sabía nada de todo eso.

LM: ¿Qué pensó?

IA: No pos yo pensé, taba todo eso, dije: “¡Ah caray! Pos y ni modo, listo y ni modo. A lo mejor estas son las reglas que tienen pa que nosotros vayamos pa allá y ni modo”.

LM: Y de ahí, ¿qué más?

IA: De ahí, hubo otras cosas que no se las puedo decir, ¿verdad? Porque, pos no se las puedo decir.

LM: ¿Son muy feas?

IA: Pos sí, fíjese que sí. Y ya al último ya cuando uno ya pasaba allá… Bueno, ahí ya cambiaba la situación porque allí en Ciudad Juárez había una parte que se llamaba el Río Vista. No, ahí ya era una cosa ya, ¡qué barbaridad!

LM: ¿Le hicieron algunos otros exámenes médicos?

IA: No, allá no, ya allá, ya pasando allá no.

LM: Allá ya no.

IA: Eso era aquí en Chihuahua nada más, allá ya de ahí ya lo ponían, ya afuera un tren o ya le ponían autobuses y ya se lo llevaban ya hasta El Paso. En El Paso estaba ahí en Ciudad Juárez, en El Paso, una parte que se llamaba Río Vista. Río Vista era un campo grande, muy grande, muy inmenso con tela de alambre, ahí estaban llegando todos los braceros. Los que iban de aquí y los que venían de allá de Estados Unidos también, ahí llegaban. Ahí les daban el pasaje hasta Chihuahua y ya de ahí de Chihuahua pues ahí cada quien, ¿verdad? Y entonces, ya ahí ya era otra cosa ya porque por ejemplo ahí ya ahí había camas, había regaderas, había comida, se la daban, todo era gratis. Ya se iba contratado el bracero, ¿verdad? Y camas y correo y bueno, había todo ahí, muy bien estaba ahí.
LM: Estaba muy bien, ¿era grande?

IA: Sí, era muy grande ahí.

LM: ¿Cuánta gente cree usted que había ahí?

IA: Pues ahí había miles sobre miles, fíjese. Voy a suponer unos diez mil personas, ahí había más o menos como unas diez mil personas. Ya a la hora de, de la noche de, había muchas barracas pero no cabía la gente ahí. Entones iba uno por su camita de esas que se doblan y la ponía por ahí donde quiera, ahí se quedaba en la noche. Entonces ahí estaban llegando todos los americanos de por allá, voy a suponer de los estados de aquellos de allá, ¿verdad? Entonces: “Pos yo quiero tantos. Yo quiero veinte. Yo quiero diez”. Y así.

LM: ¿Ahí escogían al trabajador?

IA: Y lo escogían al trabajador, ¿eh? No crea que, que nomás: “Vente”. Y no, todavía ahí iban a escoger al trabajador todavía. Le veían las manos, señor, a ver cómo las tenían, a ver si tenían callos, a ver como qué clase de manos tenía. Se las veían y se las volteaban. “Y, ¿en qué trabajabas tú allá?”.

LM: Les hacían preguntas.

IA: Sí les hacían preguntas: “¿En qué trabajabas?”. “Bueno pos yo era campesino allá, ¿verdad?”. “¿Sabes piscar algodón?”. “Pos no, no sé”. “Y, ¿a qué vas entonces?”. “Pos quiero trabajar, quiero ganar dinero”. “¿Qué allá en México no ganas?”. “Pues gano, pero gano muy poquito”. (risas)

LM: Claro.

IA: Pos sí claro, la verdad, ¿verdad? Sí y, y no pos ya de ahí era otra la situación.

LM: ¿Dónde firmó su contrato?

IA: Lo firmé ahí en Chihuahua.

LM: ¿Por cuánto tiempo le dieron el contrato?

IA: El primer año fueron dos meses, ahí en el estado de Arizona.

LM: ¿Lo mandaron a Arizona?

IA: A Arizona, ahí.

LM: ¿A qué parte de Arizona, se acuerda?

IA: Un pueblito que se llamaba Bowie, Arizona. Allí seguramente, ahí los rancheros arreglaron casitas de madera, bien arregladitas con sus camas, con sus cobijas, con su estufa, bueno todo así estaba muy bien arregladito todo ahí. Y pa que ahí mismo hacía uno su comida y ahí comíamos. Compraba uno comida y ahí mismo comía.

LM: Ahí vivían, ¿cómo le llamaban a esas casas?

IA: No pos ahí le… No tenían nombre, nomás les decían ahí campos de braceros nomás, campos de braceros nomás.

LM: ¿Qué ilusiones tenía usted cuando se fue a Estados Unidos? ¿Qué sueños?

IA: Mis sueños, yo vivía en un ranchito le acabo de decir, mis sueños. Cuando yo me fui a Estados Unidos, había una persona ahí que yo trabajaba con él. Y yo en un carrito de esos de cuatro ruedas con dos mulas, ahí trabajaba con él en un establo y cargaba el abono que estaba ahí, e iba y lo tiraba a sus labores de él. Y yo me bromeaba con él y yo le decía a él: “Yo quisiera irme a Estados Unidos nomás pa comprar un carrito”. Y yo iba en el carro cargado con abono y sentado en una tablita manejando las riendas y yo me hacía las ilusiones, yo no tenía nada. Me hacía las ilusiones: “Si este carrito fuera mío”. Me fui a Estados Unidos, cuando vine, a él mismo le compré todo eso. En un carrito ya andaba yo muy a gusto con mi carrito y trabajando y todo, haciendo adobes, acarreando piedra pa hacer otra casita más amplia ahí y todo muy bien ahí. Acarreaba agua en unos tambos y ahí la ponía, pa de ahí le daba a los caballos y de ahí agarraba también. Y sí, gracias a Dios que sí.

LM: Qué bueno.

IA: Mi esposa fue una persona muy cuidadosa y muy trabajadora. Cuando yo vine, ya había… Ya tenía una vaca, una vaca parida que compró, fíjese nomás. ¡Cambió!, cambió la situación, de allí cambió. Yo también ya después me piqué a ir a Estados Unidos, no pos ya estábamos bien. Pero como le digo, iban y venían, iban y venían, ¿verdad? Porque los contratos eran chicos, nada más que tenía uno que renovarlos, ¿verdad? Cuando había trabajo que el patrón, voy a suponer, que el patrón le decía: “¿Te quieres quedar?, tengo trabajo”. “Sí cómo no”.

LM: Las famosas extensiones de los contratos.

IA: De los contratos. “Tráeme tu contrato pa llevarlo a La Asociación para arreglártelo ahí por tanto tiempo más”. Y ahí lo arreglaban.

LM: ¿Por cuánto tiempo les daban las extensiones?

IA: Bueno, eso era según el trabajo que tuviera el americano, si tenía bastante trabajo podría ser por dos meses. Porque en ese tiempo los contratos no eran muy grandes, no eran muy grandes los contratos.

LM: ¿Eran pequeños?

IA: Eran chicos. Los primeros cuarenta y cinco días a Estados Unidos era desahijar betabel, eran cuarenta y cinco días. La mayor parte de todos los mexicanos que iban a trabajar, cuarenta y cinco. Pero de ahí, ¿verdad?, a veces el mismo patrón: “Mira, pos quiero que me ayudes aquí dos meses más, un mes más, dame tu contrato, este ya se cumplió pero dame tu contrato, yo lo llevo a La Asociación y luego te lo traigo otra vez, pero ya arreglado”. Sí, ya arreglado.

LM: Y ustedes, ¿qué decían?

IA: Sí, pues cómo no.

LM: Claro, lo que querían era trabajar.

IA: Era trabajar.

LM: Cuénteme ahí en Arizona la primera vez que fue, llegó a trabajar en el algodón, ¿verdad?

IA: En el algodón.

LM: ¿Cómo es el trabajo del algodón?

IA: Es muy duro, es muy duro porque es un costal grande, vamos a suponer como, como de dos metros el costal y lo tiene que traer uno aquí. Tiene una cosa aquí para amarrárselo uno de aquí.

LM: Se lo amarra de la cintura.

IA: De la cintura y luego aquí como que tiene una boca y luego va, zas, zas, zas, hasta que se llena. Entonces ya se llena el costal, ya lo carga y luego allá está la pesa, donde está una persona ahí: “Tanto, tanto, tanto”.

LM: Ahí le checaban los pesos.

IA: Sí, ahí le… Cuánto, cuánto, llevaba de cuánto… Pos la libra, las cien libras de algodón nos las pagaban a $2.05.

LM: A $2.05.

IA: ¡Uy muy barato! Sí pos aquel tiempo, como en 1953, sí.

LM: ¿A qué horas empezaban a trabajar?

IA: No, temprano, temprano. Sí, era muy temprano. Yo voy a suponer desde las siete de la mañana hasta ya la oscuridad, hasta que ya no se veía la…

LM: De sol a sol.

IA: De sol a sol.

LM: ¿Cuántos braceros trabajaban en ese campo?

IA: Trabajábanos pocos, es que era una compañía ahí que estaba aproximadamente como doscientos. Como doscientos mexicanos habíamos ahí, aproximadamente.

LM: ¿Sembraban algo más que algodón?

IA: No, yo vide puro algodón, pero sí mucho, mucho. ¡Uh qué barbaridad! No se alcanzaba a ver tanto que había. Nada más eso fue lo que alcancé a ver.

LM: ¿Eran largos los surcos?

IA: Sí, eran bastante. Porque los sacaba uno a la mitad nada más. Y ahí ponían unas banderas, unas banderas altas así arriba, banderas. Y eso quería decir que era nomás hasta ahí, sacar una parte, y luego ya empezar la otra.

LM: Y, ¿el clima cómo era ahí?

IA: Pues hacía, en ese tiempo que yo fui hacía mucho frío.

LM: Mucho frío, ya empezaba a hacer frío.

IA: Sí, pues yo, de aquí me fui en octubre, el día 9. Me acuerdo muy bien que el día 9 de octubre fue cuando, el primer día que pasé yo para allá. Chihuahua, del [19]53, día 9 de octubre y ya estaba haciendo mucho frío.

LM: ¿Cómo era el ambiente entre los mismos braceros, entre los mismos mexicanos?

IA: Pos fíjese que, no, a veces no era muy bueno, fíjese. Yo le voy a decir por esto, de que hay unas personas muy tomadoras, muy jugadoras, ¿verdad? Entonces alguno que no le conviene todo eso, pos está ahí navegando ahí sufriendo ahí todo. Sí, el relajo ahí en la noche, más los sábados y los domingos, unos salían de pleito ahí y otros no y bueno.

LM: ¿Qué hacían? Cuénteme, ¿qué hacían lo sábados y los domingos?

IA: Pues muchos tomaban, tomaban vino.

LM: ¿Ahí en las casas?

IA: Sí, no, o se iban ahí a los pueblitos que estaban cercas, ahí vendían. Vendían y se iban, allí había cantina y todo. Ahí tomaban y llegaban bien tomados y bien borrachos ahí a la casa y otro día en la mañana ya se iban. Y ahí mismo había partes que se hacía la jugada a los dados, ahí jugaban todos.

LM: Jugaban dados.

IA: Sí, jugaban dados también. Entonces pues claro, digo, algunas personas venían, cuando llegaban aquí se presentaban en quiebra. “No, pos que me fue mal”. Y por eso.

LM: A usted, ¿qué le decían? ¿Lo invitaban a tomar?

IA: Sí, me invitaban mucho, llegué al grado de que, tuve que salir de pleito con ciertas personas allá porque íbamos, nos íbanos juntos de ahí, ¿verdad? Y ya claro pues luego luego a la cantina, ¿verdad? Entonces luego luego, ¡zaz! Y yo me acuerdo que, yo iba pensando, luego luego. Pos es que a mí nunca me ha gustado tomar, nunca. Y yo odio la cruda, no. Pos los primeros días, sí por complacer y usted sabe, ¿verdad? Porque sí, pos cómo no. Pero ya después ya no, entonces algunos: “No, que tú y que pa acá y que eres esto y que eres esto otro y que pa acá y que fue y que vino”. Pos lo que me dijeran. Pero es que yo pensaba, yo mis pensamientos eran otros, mis pensamientos era, trabajar allá, mandar dinero aquí a mi esposa. Porque ella es una persona muy cuidadosa, una persona muy trabajadora. Entonces pues yo decía: “Esta es la oportunidad que tengo aquí, si no la logro va a estar otra vez más”. Hay que jalar.

LM: Y, ¿llegó a los golpes?

IA: No, no así nomás.

LM: Nomás así verbal.

IA: Pero yo soy una persona que me dicen alguna cosa y cuando la cosa es mal, que me ofenden, yo no sería capaz de ponerme por, porque no, no conduce a nada, está peor la cosa, sí yo…

LM: ¿Ni ganados son buenos?

IA: No, no pos no, claro. Entonces este, pos yo mejor dejaba pasar las cosas, me retiraba y ganaba a otros lados y ya.

LM: ¿Qué hacía usted en esos días?

IA: Pos bueno, más bien los sábados y los domingos mejor me iba yo, me separaba de ellos y como que primeros días me quisieron ellos señalar, ¿verdad? Pero ya después otros cuatro, cinco compañeros míos también que ya igual que yo, ya había más fuerza, ¿verdad? No, ya después no: “Ustedes se van para allá, nosotros ganamos pa acá, para otro lado”. A ver los aparadores, a andarnos mirando ahí todo aquello y todo eso.

LM: ¿Cómo era el pueblito?

IA: Estaba grande y estaba bonito.

LM: Le gustaba. ¿Qué es lo que le llamaba la atención del pueblo?

IA: Pos ahí el pueblito, había puro inglés, no hablaban…

LM: No hablaban español.

IA: Español no hablaban nada. Entonces nos gustaba meternos a una rolilla que estaba ahí, pero ahí no vendían nada de todo eso. Una pura rolilla que estaba ahí y tenían una pura canción mexicana nomás.

LM: ¿Cuál era, se acuerda?

IA: Sí, me acuerdo bien. No me acuerdo cómo se llama ahorita, pero me acuerdo bien, pero no me acuerdo cómo se llama. Y por eso íbamos y nos metíamos ahí, nomás por eso.

LM: ¿Qué pedían o qué?

IA: Un refresco, un refresco de coca, un refresco de sabor y todo eso era lo que tomábamos ahí, nada más eso.

LM: ¿Cómo era el trato que recibían ustedes del americano en los pueblos?

IA: Mire, yo durante… Yo fui una, dos, tres, cuatro, cinco veces fui yo a Estados Unidos contratado, en diferentes partes, ¿verdad?, en diferentes partes. Pero yo, onde yo me tocó con los patrones fueron muy buenas personas para mí. El último año que fui yo, estuve en el estado de Arkansas, hasta el matrimonio que estaba ahí con que trabajábanos me regaló una foto donde están los dos ahí. Y ya cuando ya terminamos el contrato que ya le acabamos de trabajar ahí, nos hizo como una fiestecita, ¿verdad?, ahí en su casa. Sí, ahí en su casa.

LM: Les hizo una despedida.

IA: Sí, como una despedida. Y la esposa no sabía nada de español, ni él tampoco, pero ellos hacían la lucha hablar, ¿verdad? La señora, andábamos piscando nosotros algodón y se iba junto con nosotros ahí pa platicar, yo creo ella quería aprender.

LM: Quería aprender español.

IA: Español y se iba ahí. En la noche llegábamos y estábanos cenando cuando llegaba el americano y tábamos cenando y luego: “Buenas noches”. Le decíamos nosotros. “Buenas noches”. Y él decía que: “Buenos lonches”. Y le decíamos: “No, lonches no, noches, noches”. Y luego nos hacía la lengua, que la lengua no le ayudaba, y era todo lo que sabía. Pero yo las partes que estuve ahí con los americanos no tengo nada qué decir, todos nos trataron bien.

LM: ¿Este matrimonio era un matrimonio joven?

IA: Sí, era un matrimonio joven, era un matrimonio joven.

LM: ¿Ustedes llegaron a convivir con ellos?

IA: Sí, cómo no, sí.

LM: A conocerlos bien.

IA: Sí, los conocíamos bien, nomás que pos no nos entendíamos, no nos entendíamos porque ya en aquella parte de allá que es donde está lejos, entonces pues este, pues era muy difícil que digamos, por allá algún, los que están allá para que nos interpretaran.

LM: Un intérprete o algo.

IA: Un intérprete, era muy difícil que hubiera en aquel tiempo personas que, casi no había.

LM: ¿En los pueblos los trataban bien?

IA: Sí, muy bien nos trataron. Yo no sé ahorita, parece que hay mucha discriminación ahorita. Pues ya cambió la situación, digo yo que ya cambió, pero en aquel que nosotros fuimos, no. Trabajábamos, nos pagaban, ellos mismos decían ahí: “El que quiera mandar dinero a su casa, vamos pa que lo ponga”. ¿Verdad? Ya ponía. “Yo quiero poner dinero”.

LM: ¿Le daban el dinero al patrón?

IA: No, no.

LM: ¿A quién le daban el dinero?

IA: Él nos llevaba al banco.

LM: ¿Cómo era?

IA: En aquellos tiempos, en aquellos tiempos se usaba mucho mandar cheques de banco de allá de Estados Unidos, ¿verdad? Entonces él mismo nos llevaba, comprábamos el cheque, lo llenábamos ahí mismo y luego ya pagábamos ahí y lo echa uno, se usaban mucho las cartas certificadas. Le echaba uno, certificaba la carta y venía a dar aquí.

LM: ¿Alguna vez le tocó que no llegara?

IA: No, nunca, nunca no, todo el tiempo, yo… Bueno pos no había teléfonos, en aquel tiempo, puras cartas.

LM: Puras cartas, ¿se escribían?

IA: Sí, escribían: “Ya recibí, ya, ya recibí el dinero”.

LM: ¿Qué se platicaban en esas cartas? ¿Qué le escribía usted a su señora?

IA: Pues yo, ella me escribía que cuánto tiempo iba a durar más allá. Entonces ella decía: “Pues no”. Entonces ella me decía: “Pues mira, ¿qué te parece si hay oportunidad de renovar otro contrato?”. “Pos no”, dice, “tú sabes, pero pos no”, dice, “significa que tanto tiempo que tenemos ya aquí ya”. Porque a veces me echaba hasta dos contratos pegados, podían ser tres meses y otros tres, podían ser seis meses, ¿verdad? Entonces ella como que estaba muy conforme. (risas)

LM: No estaba muy conforme, pos estaba recién casada.

IA: No, no estaba muy conforme pero luego yo le hacía ver las cosas que, pos que era del modo de estarnos viviendo un poquito mejor, ¿verdad? Pos sí, porque pos allá yo le estaba mandando dinero a ella y ella pos estaba viviendo a gusto también, nada más la ausencia, ¿verdad?, que no…

LM: ¿Tenían mayordomo ahí en los ranchos?

IA: No.

LM: ¿Algún intérprete que le haya tocado?

IA: Bueno cuando ya… Había uno que le decían el fieldman, ese andaba por todas las…Ahí, por todos los trabajos andaba él en un carrito, el fieldman. Ya sabíamos que tiempo era, si nosotros queríamos decirle algo al americano, o a la compañía o a… Entonces ya le decíamos a él: “De este modo y de este otro y queremos esto y queremos esto otro”. Entonces ya él iba y ya le decía: “Que quieren esto y queren [quieren] esto otro, de este modo y este otro”. Pero no, pos nunca tuvimos problemas nada.

LM: Nunca, muy bien. Cuénteme qué comían.

IA: Pos comíamos los mismo que aquí, nomás que allá, pues este, no sé qué pasaría en aquel tiempo, fíjese. Pues íbamos de aquí, como yo por ejemplo, iba yo del rancho y allá la mayor parte de todos los braceros que iban, mire unas cajototas grandototas así, copeteadas de puro mandado, comida de sobra. Ahí pa empezar huevo, carne, leche, mermeladas y panes y todo eso le echaba uno ahí al mandado. ¡Pero así la cajota! Mira, harina, porque nosotros mismo ahí, si éramos cuatro, nos repartíamos el trabajo ahí, uno lavaba trastes, otro amasaba la harina, otro la cocía y así cada quien se… Ahí nos repartíamos todo.

LM: ¿Cuántos se juntaban para…?

IA: Cuatro o cinco. Dos, el último año que fui yo, que estuve en el estado de Wyoming, éramos nada más yo y un primo mío. De todos los demás nosotros nos cortamos, ¿verdad? Y dijimos: “Nosotros nos cortamos, nosotros no nos vamos junto con ellos”. A trabajar también, desahijando el betabel.

LM: ¿Cómo es el desahije del betabel?

IA: ¡Ande hombre, qué barbaridad! Mire, el betabel era chiquito así, había que desahijarlo cuando estaba chiquito, más o menos a esta distancia, más o menos.

LM: Unos cuarenta centímetros.

IA: Unos azadoncitos así, mire chiquitos, de manguito chiquitos, hijole nombre, nomás viera qué duro.

LM: ¿Todo el día agachado?

IA: Todo el día, hasta que oscurecía, agachado.

LM: Igual de sol a sol.

IA: De sol a sol, de sol a sol. Porque ahí onde nosotros estábamos ahí estaba la labor cerquitas y ahí nos íbamos hasta que oscurecía.

LM: Y, ¿les dolía la cintura?

IA: Ande, qué barbaridad.

LM: ¿Cómo fueron esos primeros días?

IA: No, los primero días, ¡ande! Yo los primeros días, híjola, sí me ponía a pensar en la noche, ¡hijo de la fregada! Pero siempre yo mismo me daba valor. “No, tengo que triunfar, son los primeros días y yo tengo que triunfar y Dios nos va a ayudar. Y yo tengo que echarle ganas”. Y total, no pos los primeros días.

LM: ¿Qué se oía ahí en las noches?

IA: ¡Nombre, qué barbaridad! Unos no se podían levantar y, ¡ay carajo, qué babaridad!

LM: Se quejaban.

IA: Era duro eso fíjese, pero esa era la primer etapa. Ya después, ya pa limpiar ya con azadón de ese grande, parados. Sí, ya ese ya era otra cosa.

LM: Ya después ya estaba más…

IA: Sí, más fácil, ya.

LM: ¿Ahí tenían…? ¿Quién los cuidaba?

IA: No, uno mismo, uno mismo. Mire, yo el último año que estuvimos allá, que fue en el estado de Wyoming, andaba una cuadrilla de seis y nosotros nos separamos dos y veíamos al americano cuando llegaba en una camioneta se paraba, ¡ah caray ya viene ya! Entonces se iba por donde nosotros andábamos trabajando. Me acuerdo bien que se ponía las manos por detrás, y ahí va mirando el surco por donde íbanos nosotros trabajando y andaba la otra cuadrilla de los otros al otro lado y luego ya agarraba la… Porque nosotros hacíamos un trabajo bueno de que la yerbita había que sacarla fuerte con todo y raíz. Y aquellos como era bola, pos nomás ve por arriba, ¿verdad? Entonces este, pues ya se venía él y luego agarraba un así y iba y se los enseñaba aquellos, porque no sabía español. No que, nosotros andábamos haciendo buen trabajo ahí, que ellos nomás por arriba que todo esto.

LM: ¿Cuánta gente trabajaba ahí en el betabel?

IA: Andaba nomás una cuadrilla de seis y nosotros dos con ese americano nada más. Éramos seis y dos, ocho.

LM: ¿Él cómo se portaba?

IA: Se portaba muy bien, sí se portaba muy bien.

LM: ¿Cuánto tiempo estuvo trabajando ahí en el betabel?

IA: En el betabel, pues fueron, primeramente fueron cuarenta y cinco días. Ese era un contrato que casi pos donde quiera eso eran cuarenta y cinco días. Pero luego ya de ahí, ahí nosotros, por ejemplo, mi compañero mío que era mi primo, ese se ponía a platicar con él, pero pos no, casi no se le entendía nada. Y luego y le decía yo a él: “Oye, ¿qué pasó?”. “No”, dice, “pues una que otra palabra le entiendo”. “No”, dice, “no, oye, ¿pero qué crees? Que dice que nos va a renovar a nosotros”. “¿Cómo? No”, le dije, “es que tu inglés también no sirve”. Pues entonces aquellos otros también sabían. Uno de ellos también, no pues: “Se van a quedar cuatro personas”. Pero no sabía ni qué. Bueno, ya cuando ya se cumplió el contrato que ya todos con nuestras maletitas, ya ahí sus cajas, sus petacas, sus velices y todos ahí en unos árboles cuando allá venía allá. “Ahí viene ya”. Y llegó el field man junto con él, él sabía muy bueno, muy buen español. “¿Quihúbole, quihúbole, qué dice?”. Entonces ya me dijo: “Isidro”. “Presente”. “Urbano”. Era mi compañero Urbano. “Presente”. “Dice el americano que si se quieren quedar otro mes con él”. “Sí, cómo no nos vamos a quedar”. Pues ya estaban aquellos, y: “Ustedes aquí está julano y zutano”. Como que nos seleccionaban, oiga. Por su modo y por su trabajo. Yo me fijaba mucho en eso, su modo de respetar y todo eso, ¿verdad?, y de su trabajo también. Yo por ejemplo, yo a veces venimos: “Patrón, bueno días”. No, pos nomás me veía, no me entendía nada.

LM: No le entendía nada.

IA: No, no me entendía nada. “Buenos días, patrón”. No, nomás me veía, nomás.

LM: ¿No aprendió usted una que otra palabra por ahí?

IA: No aprendí nada, nada, fíjese. Y había mucho modo porque ahí iban unos y le daban clases, algunos.

LM: Les daban clases de inglés, ¿cómo eran esas clases?

IA: Eran, era una de estas, ¿cómo se llama, oiga? De una religión, oiga, pero no me acuerdo qué religión era. Llevaban muchas sillas.

LM: ¿Protestantes, serían?

IA: Pos no sé de qué religión eran, no me acuerdo de qué religión eran. Llevaban muchas sillitas y luego llevaban muchos cuadernos y luego ahí nos estaban explicando ahí, iban los que querían, ¿verdad?

LM: Lo básico.

IA: Sí, el que quería y ya nos preguntaban todo eso, no pos sí. Pero no, yo no aprendí nada.

LM: ¿Cuántas veces se contrató, don?

IA: Mire, el primero año fue en Arizona, el segundo año en Nuevo México, el tercer año en Colorado y el cuarto en el estado de Wyoming. Cuatro veces.

LM: ¿El segundo fue en Nuevo México?

IA: Nuevo México aquí cerquitas, ahí en Unión, Nuevo México. Ahí estaba cerquitas ahí luego luego.

LM: ¿En qué trabajó ahí?

IA: En el algodón también.

LM: ¿Era un rancho grande ahí también?

IA: No, sí era un pueblito grande, era un pueblito grande, nomás que era unas personas que tenían ahí un pedazo de algodón y nos contrataron a dos personas nada más. Éramos nada más dos personas.

LM: ¿De cuánto tiempo fue su contrato ahí?

IA: Fueron de sesenta días.

LM: Y, ¿sí era tiempo suficiente o era poco tiempo?

IA: ¿Como para qué?

LM: Para juntar dinero, para ahorrar un poco.

IA: Bueno, pos es lo que le digo, el que llevaba intenciones de ahorrar y así, pos ese sí traiba buen dinero. Pero como le digo, hay muchos que les gustaba mucho el vino, les gustaba mucho andar pa todos lados ahí. Pos ese no completaba pa nada, ¿verdad?

LM: ¿En alguna ocasión, don Isidro, le tocó estar en algún campo que fuera alguna autoridad mexicana, algún cónsul a visitarlos, a ver cómo estaban?

IA: Sí, en el estado de Colorado. Ahí fue un cónsul.

LM: Ahí fue el cónsul.

IA: El cónsul a visitarnos ahí.

LM: ¿Se acuerda cómo fue esa visita?

IA: Sí, sí me acuerdo.

LM: Platíqueme.

IA: Me acuerdo que él llegó y luego ya nos juntó a muchos ahí, en una barraca que estaba ahí y ya dijo: “Soy el Cónsul de México”. Y sacó su identificación, dijo: “He venido a saludarlos a ver cómo están y a ver si no tienen… Cuántas quejas tienen aquí. ¿Cómo los han tratado sus patrones?, ¿cómo han estado?, ¿cómo han vivido?”. “No pos hasta ahorita bien todo”. “¿Todos están bien?”. “Sí, todos están bien”. Dijo: “Y aquí también hay una cosa, aquí tengo una orden de que si algunos de los que están trabajando aquí en Estados Unidos me llega un reporte de allá de México de que no le mandan dinero a sus familias, inmediatamente va pa fuera”. Sí, así nos lo decían.

LM: ¿Así se los decían?

IA: Sí, así nos lo decían. Dice: “Todo el trabajador que está aquí trabajando que viene de México y tiene allá a su familia, tiene obligación de estarle mandando dólares a su familia”. “No, pos está bien”.

LM: Y, ¿ustedes creían eso?

IA: Sí, sí creíamos eso, es que más antes la gente era más buena que ahorita. Ahorita hay gente muy mala ya, ¡nombre!

LM: Aunque era obvio que a lo mejor los que jugaban y se emborrachaban pues no mandaban nada.

IA: Pues no mandaban nada, claro que no. Pos, ¿cómo iban a mandar? Si a veces lo jalaban todo, sí, así es.

LM: Ahí en Colorado, ¿en qué trabajó, don Isidro?

IA: Mire, ahí estaba muy bien. Nomás viera qué bonito, había mucha agricultura oiga, mucha, bonita. Ahí estuve trabajando con una compañía.

LM: ¿Cómo se llamaba la compañía?

IA: Sally Sugar.

LM: ¿De qué?, ¿a qué se dedicaban ahí?

IA: ¡Ande! Ahí mire, ahí había mucho trabajo, había pisca de pepino, había de tomate, había de cebolla, papa. Había por horas también onde iban los camiones. Todos los maizales grandototes ahí. Pero grandes los maizales que tienen allá. No, ni pa qué. Y luego los van moliendo, ¿verdad? Y luego va el camión acá donde va cayendo. Entonces todo ese, los ahí los que están pa arriba, andava uno adentro con un tubo pa que no se hiciera bola ahí nomás, paseándola así alrededor, alrededor. Y tiene ventanitas con… Había, tenían una cosa como lodo, quién sabe qué era. La ventanita allá una cucharita y luego le tapaba bien sellado, le ponía una tapadiza, pero tenía como una escalera de arriba y luego protegido también de aquí pa que no se fuera a caer, ¿verdad? Entonces ahí vas, ya hasta el último ya que ya se llenaba, entonces ya se tapaba bien, se sellaba, ya se bajaba uno. Y luego vamos con el otro, ahí había también. No, ahí había mucho trabajo y había mucho dinero también pa nosotros los mexicanos.

LM: ¿Qué más había?

IA: Pos había todo eso, había pepino, había tomate, había papas, papas unos pedazos que no los alcanzaba uno a ver ahí, oiga. Llegábamos nosotros ahí y luego ya el americano, pos tampoco no sabía nada de español tampoco, ya nos dijo que, que iba pa enseñarnos todo lo que tenía, no, tenía mucho.

LM: Un rancho grandísimo.

IA: Muy grande, muy grande y luego, y andaba allá todo aquello y luego ya, cuando ya fuimos ahí nos llevó una pala, ¿verdad?, pa que sacáramos papas, pa que nos hizo la seña y nos llevó, pa que si queríamos sacar. (risas)

LM: ¿Les daba de ahí provisión?

IA: Sí, de ahí podíamos comer nosotros, fíjese. Elotes, también había unos grandototes así y ya nos dijo, nomás que estaban un poco malos, oiga. (risas) No nos gustaron los elotes.

LM: ¿No eran como los de acá?

IA: No, no.

LM: ¿De qué elote era? De ese elote amarillo.

IA: Amarillo sí, no nos gustó el elote. No, pos el elote, los primeros días, pos sí, no sirve eso.

LM: Y, ¿ahí en qué trabajó, en todo eso?

IA: En todo eso.

LM: ¿Cómo es el trabajo del pepino?

IA: El pepino tiene uno que piscarlo y luego ahí se van pagando, le dan una… Por ejemplo, al trabajador le dan como una tarjetita. Ahí tiene todos los precios, primera, segunda, tercera y cuarta. La cuarta es el grandote ese, de ese ya no sirve para nada. Pues allá ya no sirve para nada. Allá el de preferencia, era el chiquito, así mire. Ese sí lo pagan bien, entonces íbamos piscando en unos botes pepinos. Y el pepino todo el tiempo tiene que estar la tierra húmeda. Piscando llenaba uno, llenaba, le daban muchos costalitos. Un costalito lo llenaba y luego le daban una etiqueta y la ponía uno y ya.

LM: Era pepino de ese chiquito, no del…

IA: No, no del grandote de este que hay aquí no. Era puro chiquito así, lo más grandecito es así, el ese grandote ya no lo levantaban.

LM: ¿Le gustaba a usted ese pepino?

IA: Sí me gustaba, yo usaba una navaja y luego sal y limón en una bolsita aquí. A veces ponía mi bote, lo embrocaba, lo peloneaba y ahí, (risas) fíjese.

LM: El tomate, ¿cómo es el trabajo del tomate?

IA: Bueno, el tomate, fíjese que allá el tomate tiene que piscarse verde, verde y se pisca allá en puras cajitas así chiquitas, así. Ya no me acuerdo a cómo pagaban la caja de tomate, por caja.

LM: ¿Era pesado ese trabajo?

IA: Sí, era pesado, sí. Y luego de ahí, hacía uno las pilas de cajitas y venía y ya el troque levantado.

LM: ¿Ese a cómo se las pagaban?

IA: Pos no me acuerdo a cómo. Me parece que creo que a $0.03 centavos la cajita, en aquel tiempo.

LM: ¿Todo era por caja y por cantidad?

IA: Por caja sí, por cantidad, sí. Pos el desahije de betabel era por acre también.

LM: Por acre. ¿A cómo le pagaban el acre?

IA: A $13.50, a $13.50 el acre.

LM: Y, ¿la cebolla?

IA: La cebolla también nos la pagaban por arpilla.

LM: Por arpilla.

IA: Creo que a $0.06 centavos la arpilla, pero eran arpillitas chiquitas, no eran grandes.

LM: ¿Cómo es la pisca de cebolla?

IA: Pos mire, la cebolla es igual que la papa, como tiene varas pa arriba, la papa también como tiene… está grande así. Y luego entra una máquina tumbando todo lo de arriba, nada más lo de arriba, nada más. Al rato entra otra máquina que tiene como unos picos abajo y luego tiene una bandita, entonces la bandita va subiendo las papas y luego acá están. Van todas tiradas por el surco, ¡pero mucha cantidad!

LM: Muchísima, ¿a qué hora empezaban a trabajar ahí?

IA: Pos desde la mañana, como a las ocho, hasta las seis de la tarde.

LM: De ocho a seis. ¿De qué días a que días trabajaban?

IA: Lunes, martes, miércoles, jueves y viernes y sábados hasta medio día nada más.

LM: De lunes a sábado hasta medio día. Ahí en Colorado, ¿había algún pueblo cerca?

IA: Pues la capital de Colorado, que es Denver. No, ¡está grande! Chulada.

LM: ¿Se iban a Denver?

IA: Sí, ahí íbamos a Denver.

LM: Cuénteme de esos viajes a Denver.

IA: Pos fíjese que era muy bonito ahí y pos bueno, nosotros no podíamos retirarnos mucho, había un gabachito que nos llevaba en una autobusito garrita que tenía. Nos llevaba, pero no podíanos retirarnos mucho porque decíamos nosotros que podíamos perdernos, que podíamos desbalagarnos y después no dábanos, ¿cuándo no dábanos ahí con todo? Entonces así nomás cerquitas, ahí nomás todo eso, ahí nomás cerquitas.

LM: ¿Les daba pendiente siempre, extraviarse?

IA: Sí, sí pos sí de extraviarnos y todo eso. Aunque el señor ese estaba muy pendiente. Él sabía poco español, muy poco.

LM: ¿Él trabajaba ahí en el rancho?

IA: Nos llevaba al trabajo, en el mismo autobusito nos llevaba al trabajo él, eso era todo lo que hacía ahí.

LM: ¿Cuántos se iban?

IA: En el autobusito me parece que íbamos catorce, me parece.

LM: Catorce, y, ¿de qué horas a qué horas llegaban y a qué horas regresaban?

IA: ¿A dónde?

LM: De Denver.

IA: No, pos nos íbamos desde la mañana, nos íbamos desde la mañana. Y yo recuerdo que una vez fuimos yo y otro muchacho y nos metimos a un restaurant y luego ya nos dieron ahí la carta pa… No, no pudimos, ahí le decíamos a la muchacha, a la americana, pos ella movía la cabeza y decía que no sabíamos nada. ¿Sabe qué hallamos ahí de comida en español? Chile con carne, sí estaba en español. Chile con carne, bueno, le decía yo a aquél: “Pues aunque sea esto”.

LM: Y, ¿eso pidieron?

IA: Y eso fue lo que nos llevó nada más. Y le pedíamos otras cosas, no nos entendía nada.

LM: No entendía, puros americanos. Y, ¿cómo se portaban ahí en Denver los americanos?

IA: No, bien bien.

LM: ¿Eran amables?

IA: Sí eran amables, nunca llegaron ellos, por ejemplo, nunca a alguna que, que alguna parte que fuéramos nosotros y que no, no… Llegaban y se sentaban y nosotros también nos sentábamos.

LM: Y, ¿a qué horas se regresaban?

IA: Ya en la tarde, como a las seis de la tarde.

LM: Pos todo el día.

IA: Sí, pos anda todo el día y nos andábanos ahí mirando los aparadores, comprando por ahí ropita la que nos gustaba.

LM: ¿Qué es lo que más compraban ustedes?

IA: Mire en aquel tiempo, los primeros braceros que fueron, su ilusión era una camisa beis [beige] y un pantalón beis. Un pantalón de mezclilla y una camisa de mezclilla pero tenía muchos botones blancos aquí mire. Entonces aquí, todo el que traiba esa ropa luego todos se quedaban mirándolo: “Viene de Estados Unidos”.

LM: Viene de Estados Unidos. Era una cosa muy notable, que llegaban, por ejemplo, personas de Estados Unidos, luego luego se quedaban mirando: “Viene de Estados Unidos”. Sí, no sí venía por la ropa que traiba, su ropa que traiba, su buen calzado y todo, pos claro que, claro... Le empezaban a ver de arriba abajo, ¡ah caray! “No, viene de Estados Unidos”. Y ni modo de que no.

LM: O sea se asimilaba la gente que venía de Estados Unidos con buena ropa, con buen calzado, con dinero en la bolsa.

IA: Hasta su cutis, su cara, su piel como que era otra piel, señor.

LM: Se veía natural.

IA: Sí, sí se veía otra clase de persona, ¿verdad?, su piel otra, su piel ya muy lisita y todo, no, no, ¡pos qué barbaridad!

LM: Todo mundo quería ir.

IA: Sí, pos todo mundo quería ir, todo mundo quería ir, fíjese.

LM: ¿Le tocó alguna vez ir al cine por allá?

IA: No, no me tocó ir ni una vez.

LM: ¿Iban a misa?

IA: Sí, a misa sí íbamos. Bueno yo pertenezco a la religión católica, sí iba a misa yo ahí. Nos juntábanos ahí algunas seis personas, ¿verdad? Pos no podíamos caminar nosotros porque no es como ahorita, que ahorita ya todos los mexicanos que andan allá todos tienen pa andar en todo. Allá no había nada de todo eso, de que un mexicano trajera un carro, nadien traiba nada, no, no, ¿quién iba a traer un carro? Taba muy delicado todo eso, de que traían un carro. Como ahorita que está lleno y todos vienen y no, en aquel tiempo estaba muy delicado todo eso.

LM: En esos años no era así.

IA: No, no era así. Entonces pues nosotros teníamos que pagar pa que nos llevaran a misa y cuando se acababa la misa ya nos decía: “¿Se quieren quedar? A tales horas vengo por ustedes, o, ¿se quieren ir?”. “No, pos nos vamos a quedar hasta las cinco o las cuatro de la tarde”. Sí, ahí estaba, a las cinco de la tarde, ahí estaba.
LM: ¿Les pagaban en efectivo o les pagaban con cheque?

IA: En la compañía donde yo trabajé, en la Sally Sugar, nos pagaban con cheque. En el estado de Arizona ahí piscaba algodón, ahí la pesada que llevaba en mi saco ahí estaba el que estaba ahí tenía el dinero y la pesaba y estaba pagando ahí luego luego, con efectivo luego luego.

LM: ¿Qué prefería usted el cheque o el efectivo?

IA: No, pos el cheque, porque como que se sumaba el dinero efectivo y luego más peligro pa traerlo uno en la bolsa y todo eso y el cheque no. El cheque sí, yo varias veces, nos pagaban a la quincena en la Sally Sugar. Entonces así como agarraba el cheque, dejaba para mí algún tanto y luego luego se lo mandaba…

LM: ¿Le rendía más cuando le pagaban que cuando traía el efectivo?

IA: Sí, pos claro que sí, que cuando traía ahí todos los dólares. Porque como era el primer año que iba, cada ratito los andaba contando a ver cuántos eran, (risas) cada ratito a ver cuántos eran, ¿verdad? Pos fue el primer año que fui, nunca había ido y yo veía los dólares y luego ni los conocía de cómo eran, ni nada.

LM: ¿No los conocía?

IA: Cuando yo llegué, taba duro porque tenía que andar preguntando: “¿A cómo es este, y a cómo es esto otro?”. Unos es de a peso, otros de a cinco, otros de a veinte y así.

LM: ¿Sí fue problema siempre?

IA: Sí, sí jue, sí. Porque pos casi nadie conocíamos los dólares, señor. No como ahorita ya, aquí ya está lleno de dólares también, ¡qué barbaridad!

LM: Pero en aquel entonces pues sí y luego las monedas.

IA: Las monedas.

LM: ¿Batallaban también con las monedas?

IA: También, había pocas monedas, yo vi de pocas monedas allá.

LM: ¿En aquellos años qué monedas había aquí, que trataran de comparar o algo?

IA: Pos había la moneda esa, una moneda que había de $5 pesos, una grandota que había así de $5 pesos. Los billetes de a peso unos, creo que eran color rosa de a peso, esos eran de los que había también aquí.

LM: Y allá llegaron y puros de color verde.

IA: Sí, puros verdes ahí, no, ¡qué barbaridad! Pero sí como que le daba a uno gusto cuando ya llegaba allá, sí le daba. No, en la noche: “Estoy en Estados Unidos”. Era una ilusión estar ahí. ¡Nombre qué barbaridad! No como ahorita que no, ahorita ya todo mundo está en Estados Unidos, ¿verdad? Sí, en aquel tiempo no, no, ¡qué barbaridad!

LM: ¿En Wyoming en qué trabajó, don Isidro?

IA: Ahí también, ahí trabajé también desahijando betabel.

LM: Desahijando betabel.

IA: Sí, también desahijando betabel.

LM: Ahí también le pagaban en efectivo.

IA: No, ahí nos pagaban con cheque.

LM: Le pagaban con cheque.

IA: Nos pagaban con cheques ahí.

LM: ¿A cómo le pagaban ahí el betabel?

IA: Creo nos lo pagaban a $13.50, me acuerdo muy bien. A $13.50, $13.50 por acre.

LM: ¿Cuántos acres hacían en un día?

IA: Pos podíamos hacer unos dos, tres.

LM: Hasta tres.

IA: Dependía del trabajador, ¿verdad? Si había unos muy buenos pa trabajar no cabe duda que… Como pa la pisca de algodón, también había unos que quinientas libras, fíjese. Y había otros que no.

LM: Muchísimo.

IA: Ahora el desahije de betabel, porque pa todos los trabajos se necesita un poquito de colmillo y de experiencia también, pa poder avanzar si no, no avanza.
LM: ¿Cuánto llegó usted a piscar de algodón?

IA: Trescientas cincuenta, cuatrocientas libras.

LM: Que eran bastantes.

IA: Sí, pos ya más o menos taba bien.

LM: ¿Cuál fue el trabajo que le gustó más, don Isidro?

IA: El trabajo que estuve allá, juntar papa.

LM: La papa, ¿por qué?

IA: Pues me gustó mucho porque, pos me gustó porque rendía. Yo saqué muy buen dinero ahí la papa, porque eran medios costalitos nomás. Nos pagaban a $0.06 centavos, pero había cantidad de papa, ¡nombre! Caminaba uno poquito así, y, ¡zas!, ya estaba, se los enganchaba y ahí lo ponía.

LM: ¿Está enterradita la papa?

IA: No, no, suelta ya. Es que había una máquina así y ya estaba toda suelta tirada así nomás.

LM: Y la máquina volteaba la tierra.

IA: Sí, la volteaba.

LM: Y sacaba la papa.

IA: Y sacaba la papa, pero allá como una maquinita, un engrane así con… Venía y la iba tirando por todo el surco y me gustó mucho a mí eso.

LM: Descríbame un día de trabajo normal, desde que se levantaba hasta que se acostaban en la papa.

IA: ¿Cómo, oiga?

LM: ¿Cómo empezaba el día, a qué hora se levantaba?

IA: No, no, no pos el día empezaba, por ejemplo, voy a empezar a las ocho de la mañana. Había que empezar a las ocho de la mañana y hasta las seis de la tarde.

LM: ¿A qué hora se levantaban para desayunar?

IA: No, temprano, no, no, eso era temprano fíjese. Es que ahí la gente tenía, toda la gente que estaba ahí, bracera, toda tenía que levantarse temprano. Unos echando tortillas, otros lavando trastes, otros haciendo comida, otros haciendo lonche pa llevar y todo eso, porque había que llevar lonche.

LM: ¿Desde qué horas andaban en pie?

IA: Como desde las cinco de la mañana.

LM: Todo mundo.

IA: Todo mundo ahí sí, zas, zas, zas, todos ahí. Y había unos que no, flojos ellos pero, pos ellos preferían mejor puras carnes frías y todo eso de comer, comían Bimbo y todo eso, ellos no se molestaban.

LM: Pan de caja y todo eso.

IA: Pero no trataban de andarse molestando pa hacer tortillas o todo eso. No ellos compraban.

LM: Y del baño, ¿cada cuándo se daban un baño?

IA: Pos casi todos los días.

LM: ¿Tenían regaderas?

IA: Sí, eso sí había ahí, fíjese. En la parte más, que estuviera más… Ahí estaban las regaderas, era lo principal que les ponían uno ahí, las regaderas.

LM: ¿Agua caliente?

IA: Agua caliente y fría, su estufa ahí de gas y todo eso.

LM: Las estufitas eran de gas.

IA: La papa sí, pa que hiciera la papa y las regaderas ahí. Casi eso era donde quiera.
LM: ¿Las viviendas tenían calefacción?

IA: No, no tenían. Unas sí y otras no. Unas sí y otras no.

LM: ¿Pero no eran tan frías?

IA: Pos no eran tan frías pero había partes que sí hacía mucho frío.

LM: ¿Sufrían a veces el frío?

IA: Sí, sí, había partes que sí había, que no había calefacción y hacía mucho frío.

LM: ¿Qué hacían en los lugares así muy fríos?, ¿ustedes compraban su ropa?

IA: Sí, pos la ropa, sí, pos allá hay ropa muy buena pal frío.

LM: ¿No les daba el patrón?

IA: No, ropa no nos daba nada. Bueno, voy a decir que el patrón no nos daba nada, que nos diera alguna ropa, no.

LM: Todo pagaban.

IA: Todo pagaban.

LM: Pero no les daba nada.

IA: No él no daba nada, todo pagaba. Si por ejemplo uno quería alguna cosa de que él tuviera ahí, se la vendía, no se la reglaba.

LM: ¿Como qué cosas les pudieran interesar?

IA: Bueno, yo una vez traté de comprarle una parrillita, una parrillita de… pues en aquel tiempo era de gas, yo creo, de petróleo, ya ni me acuerdo de qué era la parrillita. Pero yo la vi esa parrillita que la tenía ahí y yo pensaba que llegaba aquí y era muy buena. Y sí era muy buena la parrillita cuando yo la traje, taba así más o menos. Y me acuerdo que me la vendió, barata pero me la vendió. Sí, me acuerdo bien a cómo me la dio.

LM: ¿A cómo se la dio?

IA: Me la dio en $3 dólares.

LM: ¿Qué le dijo?

IA: No pos yo le decía que sí… Entonces la esposa de él: “Señorita, en México”. “Sí”. Y luego ya le hacía yo la seña que pa comer así. Oh, decía que estaba bueno. Y luego ya agarraba yo la esta y luego: “¿Cuánto?”. Y ya me hacía así.

LM: Así con los dedos.

IA: Que $3 dólares. (risas)

LM: Pues estaba barata, ¿no?

IA: Sí, sí estaba. Entonces yo ya cuando estaba allá como la tercer vez que fui, no había radios todavía.

LM: No había radios.

IA: No había y empezaron a salir unos radios que tenía que traer una pila así grandota así, taba muy grande la pila pa que… Ponérsela aquí y luego el cajonote así grandote así feo estaba. Entonces mi esposa de aquí: “Oyes, ¿no podrás traer un radiecito?”. “Pos sí”, dije, “pero pa ir cargando la pila está duro”. Bueno, ya estábamos viendo ella me insistía. “Bueno no”, le dije, pues a ver ahora que me vaya”. Y sí, se lo traje.

LM: Con todo y la pila.

IA: Oiga, vivíamos nosotros en el rancho, cuando yo alla llegué era una admiración ahí. “No, pos que ya llegó Isidro del norte. Que ya llegó y que fue y que vino y que trajo un radio”. “¿Pero cómo?”. “Sí, trajo un radio, [es]tán hablando en Durango y aquí se oye”, y el otro. (risas) Bueno, mire aquella casa todo el tiempo estaba lleno de gente, mirando, oyendo eso.

LM: Admirados con el radio.

IA: Con el radio, era una admiración.

LM: Y, ¿había una que otra estación?

IA: Sí, pos muy mal todo, fíjese, no crea que estaba bien. En veces las agarraba y no las agarraba y bueno, era un desastre. Pos no estaba bien pero, algunas sí las agarraba.

LM: Pero se divertían.

IA: Sí y yo me acuerdo que la casa ahí llena todo el tiempo, gente grande también.

LM: ¿En qué año fue eso?

IA: Eso fue como el año de 1954 más o menos. Sí, era el año de 1954 más o menos y toda la gente azorada ahí porque… Que todo lo que estaban hablando ahí se estaba oyendo, todo. (risas) ¡Fíjese nomás! Por eso me pongo a pensar yo ahorita de todo lo que fue mi vida y, ¡caramba!, a veces me pongo a pensar, ¡hijo de la fregada! No, pos y al mismo tiempo digo no por ya tengo muchos años, bueno a veces platico yo con mis hijos: “Está consciente papá de que… “Sí”, dije, “ya viví toda mi vida y…

LM: Ha visto muchos cambios tecnológicos.

IA: Sí, muchos cambios.

LM: Científicos.

IA: Sí, ¡no, qué barbaridad! Entonces aquí hay uno de mis hijos, el mayor dice: “Papá lo queremos muncho porque usted tiene muncha experiencia de sus años que ha vivido y usted ha sido un papá que nos puso un ejemplo muy bueno, no fumar, no tomar, las palabras ofenden pero no hieren, muchas veces lo que quiere decir”. Claro y a ustedes les gritan aquí, las palabras ofenden pero no hieren, entonces retírense, retírense y ahí paró todo.

LM: Claro, muy bien. ¿Qué fue de las cosas que más le gustaron de Estados Unidos, don Isidro?

IA: Lo que más me gustó de Estados Unidos fue que pos ni modo, fíjese, en Estados Unidos son más poderosos, en Estados Unidos, sus carreteras, bueno todo, su higiene, el higiene personal tiene mucho que ver eso también. Y bueno, todo es otra cosa lo que vamos de aquí.

LM: Veía usted un mundo muy diferente.

IA: Sí, fíjese que sí. Sí, muy diferente, otra cosa allá.

LM: Y, ¿que no le haya gustado de Estados Unidos?

IA: Bueno, mire, le voy a decir aquí sinceramente. Lo que no me gustó de todos los años que yo fui a Estados Unidos fue la revisión que nos hacían.

LM: Cuénteme de esa revisión para que la gente sepa.

IA: Pero quiere que le diga porque, nos está oyendo gente, no va a oír la gente. ¿No va oír la gente o nos está oyendo la gente?

LM: Nos va a oír.

IA: Nos va a oír, bueno mire, ahí luego luego como le acabé de decir hace rato, está luego luego ahí unas personas con una bomba, una fumigada de pies a cabeza, ¡vámonos!, ¿verdad? Pasaba uno la revisión, lo empinaban. “Ábretelo, camina pa allá y camina pa acá”. Y todo eso, empinado y luego se abría uno.

LM: Desnudo.

IA: Pa que le vieran desnudo, pa que le vieran todo.

LM: Y, ¿qué buscaban?

IA: Pos quién sabe, el médico, lo que buscaban según supe yo, fue que no fuera llevar alguna infección aquella persona. Como ya saben que los mexicanos somos bien carajos, dijeron, una infección que fuera infeccionar allá a medio mundo. Al último ya taba un señor americano ahí con un guante puesto y luego se lo agarraban, ¡fíjese! Eso fue lo que no me gustó.

LM: Se lo apretaban.

IA: Sí, se lo apretaban.

LM: Eso fue lo que no le gustó.

IA: Eso fue lo que no me gustó, por eso.

LM: ¿Había alguno de los compañeros que lo regresaran por esa revisión, que no pasara?

IA: Sí, sí, sí, porque aquí simplemente aquí: “Pélatela bien, carbón, pélatela bien”. Y tenía uno que pelársela y ahí se la traen pa todos lados mirándola ahí con una lamparita aluzándole pa todos lados y todo eso.

LM: Y, ¿cómo se sentía usted?

IA: No, pos muy mal, a lo menos yo en mi persona me sentía muy mal. Sí, digo: “Pos a qué voy”.

LM: Y, ¿cada vez que pasaban era lo mismo?

IA: Cada vez que pasábamos era lo mismo, era lo mismo. Y luego todavía ya cuando ya pasábamos ahí, su inyecciones pa sacarle sangre.

LM: ¿Le sacaban sangre? ¿Qué más les hacían?

IA: Nada más eso. Nada más eso.

LM: ¿Eran médicos mexicanos o americanos?

IA: De los dos, mexicanos y americanos. Y sí, pos sí digo, no cabe duda que sí aquí en México sí habíamos gente muy sucia, muy cochina pero pos ni modo, ¿verdad? Hay de toda, ¿verdad? Esa es la cosa, que hay de todo.

LM: Muy bien, así es don Isidro. Don Isidro ya para ir terminando la entrevista que está muy interesante, tiene usted una plática muy interesante, me gustaría que me platicara cuando se regresó el último año, ¿a qué se dedicó en México?

IA: Bueno, yo cuando ya regresé el último año de Estados Unidos, en Estados Unidos ya cuando llegábamos a ese campo que hay ahí en cerca del El Paso, de Ciudad Juárez. Que llegábamos ahí ya cuando veníamos de allá, ahí luego luego ya se oían los rumores de que ya no iba a haber contrataciones.

LM: ¿En qué año?

IA: El año de 1967, el que estaba ahí de intérprete hablando por las bocinas y todo ahí sabía muy buen inglés y muy buen español. Pos claro, tenía que saber un buen inglés porque era el que estaba dirigiendo ahí todo ahí. “Fulano de tal de este modo, fulano de tal este otro. Y que va llegar fulano de tal con tantos hombres de la parte fulana, el que quiere va ir y el que no, no va”. Ahí ya se oía que ya no iba a haber contrataciones. Entonces esa persona que estaba ahí, yo lo conocí cuando iba de aquí y cuando regresaba, yo lo conocí a él ahí. Y ya platicábamos ahí. “¿Qué onda?, ¿qué pasó? Pos, ¿qué hiciste?”. “Sí, pos aquí vengo otra vez”. “¿Qué pues y usted aquí todavía?”. “Sí, pos yo, ¿pa dónde?, aquí ya”. Muy mal hablado. “Y, ¿qué, cómo está tu casa?”. “Pos bien, gracias a Dios”. “Oyes, ¿sabes qué?”. “No, no sé”. “Este es el último año que va a ver braceros, que va a haber contrato”. “¿Cómo?”. “Sí, ¿te agüitas?”. “Pos sí, fíjate que sí me agüito porque pos es, ¿ya no va a haber nunca?”. “Probablemente no, ya no va a haber”. Entonces cuando él me decía eso, yo los poquitos centavitos que traiba, yo quería tener una casita bien arreglada, una casita bien arreglada. Yo quería tener otras dos vacas y ahí era todo. Eso era lo que yo pensaba, y lo logré, lo logré, ¿verdad? Cuando ya vine que le dije a mi esposa: “Mira, te mandé tanto dinero”. “No”, dice, “pos aquí tengo tanto, yo traigo tanto”. “Pero te voy a decir una cosa, ya no va a ver braceros, ya no”. “¿Cómo?”. “No, ya no. Según ahora que veníamos, ahí nos dijeron que ya era el último”. Y efectivamente, fue el último año que ya no hubo braceriada, ¿verdad? Entonces yo hice una casita, la arreglé muy bien, compramos otras dos vaquitas y sí, estábamos viviendo más o menos. Trabajaba yo, claro en la labor, ¿verdad? Trabajaba yo en la labor ahí, sembrando, cosechando maicito, frijolito, por ahí todo eso. Teníamos gallinas, teníamos cóconos, a mi señora le gustaban mucho los cóconos.

(entrevista interrumpida)

LM: Continuamos la entrevista con el señor Isidro Ábrego Alvarado, me decía que cocinaban el cócono.

IA: Sí.

LM: ¿No sabía igual?

IA: No, pos no sabía igual.

LM: ¿Qué hacen de Navidad?

IA: No, no, no ni pa qué. O sea ese ya viene, ese que traen, quién sabe de dónde vendrá. Ya viene ahí maquillado, ya viene con tantas cosas ahí que le ponen, ahí pa que dure y todo eso. Y ahí en el rancho, ¡no señor! Ahí es una carne pero especial, sabrosa, sabrosa, muy buena, así es que…

LM: ¿Cuántos hijos tuvo usted, don Isidro?, ¿cuántos tiene?

IA: ¡Ande! Bueno mire, yo me casé en 1952, me casé en el año de 1952. Fueron once.

LM: Once hijos.

IA: Cuatro hombres y cinco mujeres.

LM: ¿Cómo se llama su esposa?

IA: Aurora Soria.

LM: Muy bien, cuénteme don Isidro…

IA: Pero es que en aquel tiempo no se oía nada de planificación familiar, ni nada. Todos los matrimonios tenían los que Dios les daba.

LM: Lo que Dios les daba.

IA: No había con qué, no, que planificar, de eso no se oía nada.

LM: No se oía nada.

IA: Nada, fíjese. Entonces en aquel tiempo pues estaba duro pa mantener tanto hijo, fíjese. Era muy duro, fíjese, muy duro. No había trabajo, no había nada, cada quién vivía ahí. Pos yo ahora me pongo a pensar, pos digo, a veces con mi esposa me pongo a pensar: “Oye pos no sé cómo duramos allá tanto año”. Hasta cuando en 1970, me parece, nos venimos aquí a Durango, nos venimos con el fin de que los muchachos aprendieran alguna cosa, aprendieran algo. Ese fue el fin que nos venimos. Pero entonces no nos venimos toda la familia, se vinieron primeramente mis hijos, llegaron con una señora que es mi cuñada, pos usted sabe que a veces ya con el tiempo ya no está bien. Entonces mi esposa dijo: “No”, dijo, “¿cómo ves si me voy allá con ellos?”. “Pos sí”. Ese año fue el año que aquí hubo un problema con el gobierno que se llamaba Padis Urquídiz, del Cerro del Mercado. Que lo quisieron sacar y cerraron todas las escuelas. Entonces ya cuando ya…

LM: El Cerro del Mercado era una mina de recursos minerales.

IA: Sí, es un mineral. Cerraron la mina, cerraron todas las escuelas, bueno, fue un desastre. Entonces me acuerdo que ya el maestro mandó llamar a los padres de familia: “Señores, el año está perdido completamente. Cada quien puede hacer lo que… Entonces uno de jalado, de pobre pos y mi esposa: “¿Ahora qué vamos a hacer?”. Ya con ellos ya no, pero entonces ya los muchachos, mi hija la más… Mi hijo el mayor, bueno, ya estaba un poquito así preparadillo. La segunda que es una hija mía, pos también ya había terminado su primaria, también, que era un estudio en aquel tiempo muy arriba ya. “No”, dijo, “yo me pongo a trabajar ya”. Pues empezó a trabajar en una dulcería ahí por la de Pino Suárez. Pues ya con su preparación, ya estaba poquillo preparadilla un poquito y luego ya después dijo: “Papá, fíjese que me quieren poner en la caja”. Pero dije: “No, hazte valer por sí misma”, claro, “échale todas las ganas y pon todo lo que está de tu parte y Dios te va ayudar y tienes que salir adelante”. Y ahora se acuerda mucho: “Bien me decía usted, papá”. Bueno, pos esa era la cosa. No, ya después no, gracias a Dios.

LM: Un buen consejo.

IA: Gracias a Dios.

LM: Don Isidro, alguna de las veces que estuvo usted por allá, ¿se enfermó?

IA: No.

LM: ¿Nunca?

IA: Nunca me enfermé. No, pos es que le hacían a uno muy buena revisión de aquí, señor. Todavía al último allá en El Paso, eso era lo último. Ahí le ponían los rayos.

LM: Rayos X.

IA: Los rayos X. Sí pues eso era lo último ya. A algunos que salían mal ahí les hablaban al edificio 111, eso quería decir que, ¡vas pa fuera!, vienes pa México enfermo. Pero esa era la ventaja que tenían allá en Estados Unidos los rancheros y todo eso que, el trabajador iba bien examinado, ¡de todo!

LM: ¿Iban muy sanos?

IA: Muy sanos claro, ¿verdad? Pos cómo se iba a enfermar si iban bien sanos, sabían bien todo. Una persona que estaba enferma de alguna cosa no la dejaban que pasara. No, cómo la iban a dejar si estaba enfermo. Querían gente trabajadora que fuera a trabajar, como iba mucha gente trabajadora a trabajar allá. Entonces pues, claro que sí, pos por ahí enfermadillas de catarro y todo eso.

LM: Algo leve.

IA: Algo pasajero.

LM: De cualquier manera, tenían seguro médico.

IA: Sí, teníamos seguro médico y nos estaban quitando un fondo ahí que no sé de qué, pos ese fondo ahí se quedó.

LM: ¿Se acuerda usted de que le hayan descontado de sus sueldos?

IA: Sí, de lo que ganaba me estaban descontando, ahorita no recuerdo cuánto era, pero nos estaban descontando del sueldo que nos pagaban, ahí nos descontaban un tanto. Entonces todo ese dinero ahí se quedó, ahora se sabe que creo lo van a regresar, pero lo dudo, ¿quién sabe? Pueda ser, pueda ser.

LM: Parece ser que el Gobierno de Estados Unidos regresó el dinero.

IA: Sí, él dijo que él ya había regresado el dinero. Y aquí, pos creo se perdió, quién sabe. Que lo metieron al Banco Rural, o quién sabe qué, ¡y lo gastaron! Bueno quién sabe qué relajos.

LM: Pero eso ya fue cosa acá.

IA: Sí, acá las autoridades de aquí. Pos ahora parece que van a regresar esos fondos, quién sabe qué será, o no será, ¿quién sabe?

LM: ¿Cómo fue su vida después de haber trabajado de bracero, don Isidro?

IA: Mire, mi vida después de que ya trabajé de bracero fue como le digo, fue cuando ya nos venimos aquí a Durango. Allá en el rancho pos sí vivía la gente, pero nunca vivía igual que aquí en la ciudad. Aquí en la ciudad, ¡cuidado! Porque si trae hijos, hijas de una edad, voy a suponer de los diez, doce, catorce, quince años y si no los hace entender, aquí se pierden. Aquí en Durango se pierden, ¿verdad? Agarran más ahorita que hay tanto marihuana y hay tanta cosa ahí de quién sabe qué diablo le revuelven ahí a tanta cosa, pos ahí ta la cosa. Pero si es un padre que los sepa sobrellevar más o menos, sí, nosotros aquí ya cuando, después, cuando ya yo ya no fui de bracero, que nos venimos aquí, ¿verdad? Entonces bueno, pos ya estamos aquí. ¿Sabe qué? Anduvimos trabajando y yo me fui a trabajar de velador en una compañía, ahí duré veinte años hasta que me pensionaron. Ya me pensionaron y ya, con este changarrito tenemos más de treinta años, mi esposa aquí ha estado más de treinta años. Entonces pues ya me puse a ayudarle a mi esposa aquí.

LM: En alguna ocasión, ¿le dieron ganas de regresar a Estados Unidos?

IA: Bueno, aquí pasaban conocidos míos de los ranchos de allá que iban de mojados y me invitaban de mojado, pero yo de mojado nunca quise ir.

LM: ¿Por qué?

IA: No pues, ¿se imagina el peligro ahí por entre la sierra y todo eso? Por todo eso sin comer, en veces sin dormir y luego peligroso ahí pa que le pique una víbora, pa que los agarren por ahí, ¡no, no señor! Pero ahorita me acuerdo cuando la braceriada, como al modo de sueño. Me pongo a repasar a veces, ¡híjole, no, Chihuahua! De este modo y qué bonito era ahí, muy bonito todo, ¡hijo de la fregada!

LM: Don Isidro, ¿qué significa el término bracero para usted, la palabra bracero?

IA: Bracero es que con sus brazos del mexicano va a juntar toda la cosecha que hay en Estados Unidos, eso es bracero, por eso nos nombran bracero. Porque con los brazos que lleva el mexicano, con los brazos que tiene el mexicano va a juntar toda la cosecha o no nomás la cosecha, sino que otros trabajos va a desempeñarlos allá, por eso bracero, los brazos pa trabajar, según yo entiendo eso.

LM: ¿Cómo se siente usted de que lo identifiquen como bracero, de que lo llamen bracero?

IA: Bien, porque sí, eso para mí es una palabra que sí me agrada, bracero, porque pues sí, íbamos de braceros, ¿verdad? Ese es el asunto, que íbamos de braceros y sí me agrada la palabra de bracero.

LM: ¿Se siente usted orgulloso de haber sido bracero?

IA: Sí, fíjese que sí. Porque es como le digo, con sus brazos fue a desempeñar aquellos trabajos de allá, trabajos duros, ¿verdad? Por eso fue de bracero, con los brazos a juntar allá lo que veía trabajar allá, esa es la cosa.

LM: En términos generales, ¿sus recuerdos son positivos?

IA: Sí, positivos.

LM: ¿Siente usted que el haber sido bracero cambió su vida de alguna manera?

IA: Fíjese que sí, ni modo que no. Que sí, sí cambió, porque ya después de ya los primeros años que fui yo de bracero, cambió un poquito mi situación ya. Sí cambió ya la situación, ya estuvo mejor. Ah, no cuando estaba ahí, malterrado ahí y todo eso, pos no, no estaba bien.

LM: ¿Le trajo beneficios económicos?

IA: Sí, económicos y todo, ¡qué barbaridad!

LM: ¿Pudo educar a su familia?

IA: Exactamente, sí. Fue un beneficio todo eso y yo quisiera que hubiera más braceriada, no pa mí.

LM: ¿Le gustaría ir?

IA: No, pos yo ya, donde quiera que estuviera yo no puedo ir.

LM: ¿Le gustaría que se volviera a implementar el programa?

IA: Fíjese que sí, sí, fíjese que sí y hace mucha falta todo eso.

LM: ¿Por qué?

IA: Pos hace mucha falta porque entonces no se iría tanto mexicano a morirse ahí entre la sierra ahí con sed y otros que los americanos les tiran y los matan. Otros se van en un tráiler y se quedan encerrados, otros se van en un tren y ahí se mueren encerrados. Entonces fíjese, como le dije hace rato, eran dos veces las que iban el bracero, en septiembre y en mayo, unos venían y otros iban y ahí iba la cosa, ¿verdad? Y ahorita ya no, ya no hay, se acabó eso. Pos ahí va toda la gente, familias enteras van pa Estados Unidos. Unos alcanzan a llegar, otros no, fíjese nomás. ¡Es un desastre ahorita todo eso! Entonces como los gobiernos ahorita están que quieren arreglar eso de la migración y todo eso que… Pos eso, le digo yo que es como las carros extranjeros, regularizan una parte y al rato ya está lleno otra vez. Así también, les da una amnistía a esos al rato ya está lleno otra vez. Sí, no hay como bracero, que vaya y venga, que vaya y venga.

LM: Era muy bueno el bracero porque no se quedaba.

IA: No se quedaba, exactamente.

LM: O era muy poco el que se quedaba.

IA: Era muy poco el que se quedaba.

LM: ¿Usted nunca tuvo alguna oferta de quedarse por allá?

IA: Sí.

LM: ¿Cómo fue?

IA: Había mucho, el mismo americano: “Si quieres te arreglo tus papeles”. Pero muchos dijimos: “Bueno, y, ¿pa qué?”. Eso era lo que uno se preguntaba, ¿para qué? Si yo me voy ahorita a Estados Unidos estamos en el mes de septiembre, yo me voy ahorita en mayo y me vuelvo a regresar otra vez. No, las cosas cambiaron.
LM: ¿Creían que iba a ser…?

IA: Pa toda la vida, eso fue el bracero, se acabó.

LM: ¿Le hubiera gustado quedarse a vivir por allá?

IA: Fíjese que sí y había mucha chanza pa quedarse uno allá, el mismo patrón: “Si quieres te arreglo papeles”. “No, ¿pa qué?”. Mucha chanza había.

LM: ¿Esa fue la razón principal por la que usted no se animó, porque creía que iba a seguir?

IA: Sí, porque creía que iba a seguir, que caso traiba, no, sí.

LM: ¿Se lamentó alguna vez de no haber…?

IA: Sí, pues fíjese que sí, sí porque, pues no crea digo, no crea que, ahorita más, antes estaba bien Estados Unidos, ahorita ya no, ahorita ya no. Yo fui a Dallas en el mes de octubre, me estuve dos meses ahí y me gusta salir y ver. Pero ver las cosas detenidamente y a veces me pongo a pensar y todo eso cómo son, y eso es lo que andaba haciendo yo, viendo, caminando y mirando todo. Y una cosa que me gusta de la parte donde yo fui, porque no en todas partes de Estados Unidos, sino que una parte de Estados Unidos, en Dallas ahí están mis hijas, mis hijos.

LM: ¿Cuántos hijos tienen por allá?

IA: Uno y dos hijas. Una cosa que me gustó mucho, que los sábados salíamos, los domingos salíamos y nunca cerraban la casa con candado, ni andaban dejando esto y lo… Las camionetas ahí las estacionaban, ahí dejaban todo, no había quién agarrara nada.

LM: La seguridad de allá.

IA: Qué bonito, qué bonito eso me gustó mucho. Y yo cuando llegué: “Que ya vámonos”. “Oye, no, pero ahí está abierto”. “No papá, es eso que así se queda ahí”. “Oye la camioneta así está abierta”. “No, así se queda”. Fíjese, eso me gustó mucho de ahí, me gustó mucho. Pero cuestión de vivir y todo eso, pues a lo menos ahora que fui, hace poco que fui en octubre, veo las cosas poco mal, ya no como antes que iba yo de bracero, no.

LM: ¿Qué es lo que no le gusta ahora?

IA: Pues lo que no me gustó fue que había mucho desempleo también ahí, había muchas gentes. Yo me iba a platicar ahí con ellos ahí, muchos mexicanos había ahí. Voy a suponer, un día los conté veinte, ahí en la esquina esperando a ver si llegaban. Llegaban un día, dos y ya los llevaban ahí otra vez, y ya, fíjese. Ahí tienes que pagar renta, igual que aquí, tienes que pagar luz, tienes que pagar agua y todo eso, hay muchas personas que no completan, ¡ahí ta la cosa!, pa que vea.

LM: Son tiempos duros.

IA: Ah bueno pues sí.

LM: En todos lados.

IA: En todos lados así es.

LM: ¿Cómo fue que sus hijos se fueron a vivir allá?

IA: Mire, mi hija la primera se fue a Los Ángeles. Yo le encargaba mucho a mi hija cuando ella estaba grande, ella se fue porque allá teníamos familiares también nosotros y que: “Déjala que venga, y quién sabe qué… Y bueno, pues se fue. Ya estuvo allá y estuvo trabajando y yo hablaba con ella y yo le decía que no se juera a quedar allá. “No te vas a quedar allá, no te vas a quedar allá, vente pa acá”. “Pues aquí, no papá, qué esperanzas”. Pues se casó con uno de allá.

LM: ¿Se casó con un americano?

IA: No, con un residente.

LM: ¿Es mexicano?

IA: Sí, es mexicano, residente, tiene su papá, el papá es de Nayarit, quién sabe de dónde por ahí. Y ya entonces ella también arregló papeles también de residencia y todo eso, y compraron una casita, tienen una casita. Pero pos no, yo veo que ahí tienen que estar trabajando duramente todos los días. Chambeando duro y macizo ahí y temprano, ahí a las cinco de la mañana así, vámonos y andan ahí la sonaja ahí todo eso. Entonces vienen mis yernos así como vinieron en diciembre. Bueno, dice: “Pos ustedes, ¿cómo viven?”. “Pos, ¿cómo vivimos? Pos bien, nosotros aquí tenemos que comer, que vestir, centavitos también por ahí pa gastar”. Así es que, ¿qué? Entonces dice uno de ellos: “Fíjese que ahí están bien”. Sí son tres cosas que tienen que comer, qué vestir y si usted dice que centavitos, a veces tenemos también pa gastar así es que pos dice: “¿Usted ya fue pa allá?”. “Pues sí, ya fui y ya vide [vi] que también no está muy fácil, aunque sea Estados Unidos y que sea, lo que sea no está muy fácil”. (risas)

LM: No está nada fácil.

IA: Pos no, no está fácil. No, dice pos si ustedes ahí, no ahí estamos, estamos nosotros a gusto y ellos a gusto ahí.

LM: ¿Está contento de haberse quedado en México también?

IA: Sí, también.

LM: Don Isidro quiero darle las gracias por habernos abierto las puertas de su hogar, por haber compartido con nosotros sus experiencias y su vida.

IA: Estamos a las órdenes aquí pa cuando otra vez que quieran venir.

LM: Muchas gracias.

IA: Pos sí, ya se mejoró.

LM: Muchas gracias, a nombre del Instituto de Historia Oral de la Universidad de Texas y en lo personal, un servidor, le agradezco mucho.

IA: Pos muchas gracias y aquí estamos a las órdenes pa cuantas veces quiera venir, al cabo ya sabe, ¿verdad?

LM: Claro que sí, con esto vamos a dar por terminada la entrevista.

IA: Bueno pues, muchas gracias y aquí estamos a las órdenes.




Fin de la entrevista






Ignacio Pérez García

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Síntesis Biográfica del Entrevistado: Ignacio Pérez nació en 1924 en Rodeo, Durango, México; es el mayor de cuatro hermanos; huérfano a la edad de siete años, creció con su abuela materna; cuando era niño trabajaba de pastor. En 1949 cruzó la frontera de México a Estados Unidos para trabajar como mano de obra indocumentada, luego de una semana, lo contrataron como bracero; trabajó en Colorado, Nuevo México y Texas en la cosecha de algodón y de betabel.


Resumen de la Entrevista: El Sr. Pérez recuerda el cruce de la frontera entre México y Estados Unidos en 1949; más tarde, fue contratado como bracero en Río Vista, un centro de procesamiento en Socorro, Texas; trabajó en Colorado, Nuevo México y Texas; también describe las actividades agrícolas de los braceros, sus horarios de trabajo, las viviendas que les proveían y la comida que ellos preparaban. Recuerda los salarios que recibió, los diferentes contratos que firmó y cómo le enviaba el dinero a su familia en México; además relata lo que los braceros hacían durante el fin de semana y cómo los trataban los ciudadanos estadounidenses del pueblo; expresa sus sentimientos acerca del programa y los beneficios de haber trabajado en Estados Unidos.

Ignacio Magallanes Hernández

Biographical Synopsis of Interviewee: Ignacio Magallanes was born on July 31, 1932, in Chalchihuites, Zacatecas, México; he was the third of seven brothers; at the age of ten, he worked in agriculture; his father joined the bracero program in 1942; at the age of eighteen, he moved to Durango, Durango, México and worked in construction; economic hardship and his father’s insistence pushed him to enlist in the Bracero Program in 1954; he worked in California, Michigan, and Texas picking cantaloupes, lettuce, sugar beets, tomatoes, and watermelons; these activities he performed until 1961.


Summary of Interview: Mr. Magallanes describes the economic situation that led him to the bracero program in 1954; he worked in California, Michigan, and Texas; additionally, he details what the contracting center in Empalme, Sonora, México was like, the treatment he received from American doctors, and his train trip to the México-United States border; he recalls daily activities on farms, the work braceros did, and the way they were paid; furthermore, he discusses the different types of contracts they had and their lengths; he states what braceros did during weekends, and the racism they encountered in the United States; he remembers the benefits of being a bracero, the things he liked and disliked in the U.S., and his fond memories of the program.

Heriberto Martínez Díaz

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Síntesis Biográfica del Entrevistado: Heriberto Martínez nació el 22 de agosto de 1929 en Venustiano Carranza, Durango, México; es el segundo de tres hermanos; a la edad de siete años trabajaba sembrando frijoles, pimientos, maíz y también cortando madera; a la edad de quince años, trabajó cargando trenes; en 1953 se enlistó como bracero y trabajó en California, Misuri, Montana y Texas; cosechó zanahorias, algodón, limones y azúcar hasta 1964.

Resumen de la Entrevista: El Sr. Martínez recuerda su infancia en Francisco I. Madero, Durango, México; se acuerda de cuando se enteró acerca del Programa Bracero en 1953; trabajó como bracero en California, Misuri, Montana y Texas. Cuenta cómo se enlistó en el programa y los requisitos que necesitó reunir; describe además varios viajes que realizó a centros de reclutamiento en Chihuahua, Chihuahua, México y Jalisco, México. También cuenta los detalles de su estadía en Río Vista, un centro de procesamiento en Socorro, Texas y los exámenes médicos a los que debió someterse. Describe asimismo las actividades diarias que realizaba en el campo, cómo se llevaba a cabo el trabajo, la diferencia de salarios entre los braceros y los métodos de pago, habla también de cómo eran las viviendas, del dinero que ahorró y de lo que hacían durante los fines de semana, cómo los braceros jugaban al dominó, a la baraja y a los dados. Luego cuenta de su vida después de que dejó de ser bracero y explica por qué siente orgullo de haber sido bracero y cómo este hecho cambió la vida a él y a su familia.

Heriberto Galvéz Saldivar

Biographical Synopsis of Interviewee: Heriberto Galvéz was born on March 16, 1939, in Chalchihuites, Zacatecas, México; he was the third of four siblings; when he was two years old, his father died, and he was in turn raised by an abusive step-father; his family’s economic difficulties coupled with the continual abuse by his step-father led him to enroll in the bracero program in 1963; as a bracero, he worked in Arkansas, California, and Michigan, picking cucumbers, cotton, and sorghum.


Summary of Interview: Mr. Galvéz recalls his childhood, adolescence, and early adulthood; he vividly relives his experiences with his abusive step-father; in spite of his step-father’s disapproval, he decided to enroll in the bracero program, in 1963; he describes what the hiring process was like in the rural areas of México, including how the hands of potential braceros were often examined for calluses as signs of hard work; upon arriving at the contracting center in Durango, Durango, he underwent similar questioning and had to present official documents; from there, he was taken to a reception center in Eagle Pass, Texas, where he was medically examined; as a bracero, he worked in Arkansas, California, and Michigan, picking cucumbers, cotton, and sorghum; he goes on to explain what daily life on the farm was like for braceros, as well as work, wages, payments, contract amendments and extensions, housing, food, how they were treated by the foremen, and their weekend outings.